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sábado, 6 de marzo de 2010

MÍTICA DE UN ADIOS

¿Y crees que me conoces? Te quedas con esa versión de lo que tú dices que soy o me construyes a partir de lo que he dicho de ti… pero, ¿Qué digo? Si hago lo mismo todo el tiempo contigo, te fundo a cada instante… no de fundir sino de fundar… me atribuyo el derecho no ganado de narrarte lo que me pasa contigo (y a veces, en mis letras, eres más a mi acomodo que aquello que eres en realidad). Pero basta de disertaciones, no más epítetos aduladores de tu belleza corporal o tus actitudes, hasta hoy te diré que tu pelo es el tobogán de mis sueños o que en mis ansias de besarte descansan mis esperanzas… esto no va más.

Me pregunto si te preguntas… ¿Qué pasó?... por qué mis palabras azucaradas no seguirán brotando de la fuente de mi gusto por ti, o de mis ganas de abrazarte o de sentirte… en una hipotética respuesta te diré que, a esa humillación, a la que me he sometido contigo, le dije que no quería tenerla cerca… en esa conversación saliste a relucir… ¿Sabes? A pesar de todo te defendí ante ella…

Decidí dejarte ir sin que supieras que me siento solo, no por el hecho de que te vayas, sino porque ahora supe que todo fue mi invento, y que tú, cediste amablemente a ser parte de este cuento. No se trata de un repentino ataque de madurez (o quizá si), se trata del desperdicio… de las sobras… mis lágrimas pierden sentido.

Te vi, me viste. Te hablé, me oíste. Te amé, me soportaste. Me intento poner en tu lugar, créeme, lo intento, pero mi amor por ti no me deja desplazar, ¡lo siento! Sigo aferrado a la terca idea de amarte en libertad, de disfrutar tus contactos conmigo… ¿ves? Me provocas tan baja autoestima, que parece que fueses mi punto de equilibrio… y es que en verdad te otorgué la responsabilidad de hacerme feliz… Lo sé, es estúpido… ¿pero de esto no se trata? De dejarse llevar sin pretensiones, de hacer apuestas a ciegas sin saber si pierdes o ganas… sólo se trata de apostar, de sentir que juegas todo, sin importar nada… como el monstruo que corroe a los jugadores compulsivos…

Esto tampoco es un funeral de quinta categoría, un sepelio al que asistirían dos o tres recuerdos y en el centro mis ambiciones viudas de ti. No es un punto de llegada, una carrera de obstáculos en la que la ganadora fue mi paciencia y cada obstáculo era de material fabricado por desprecios, desaires... es una especie de plusvalía inversa. Ni es un tema de sábado en la mañana después de leer libros de autoayuda… (¿o si?)… se trata de dignidad.

Más allá de una conversación infantil en la que asumamos universalmente nuestros mundos (esto es realmente patético… en primera instancia hablo de conversación cuando es un monólogo y hablo de infantil como grandeza de plenitud en tanto aceptación pero después digo que hay que asumir que seguimos siendo)… ¿ves? Me causas cierto miedo de expresión, no puedo decirte libremente lo que siento, porque me filtrarás… me leerás con sodomía emotiva y agotamiento intelectual… ¡lo siento nuevamente! debo entender que no se trata de ti… sino de lo que siento por ti. (Es que esos dos aspectos son siameses viciosos).

El lema de mi campaña entonces es dejarte ir… soltarte, no joderte, dejar que pases sin mirar tus pasos afanados, ni sentir tu perfumado orgullo, ni saberte infértil en tu imaginación y próspera en tus argumentos de intento… es una promesa actitudinal, de dejar de hacer eso que mejor hago… extrañarte.

Te quise… o mejor quise hacer de ti un mapa sin rutas… ¡qué torpeza! Dirás, pues el principio fundante de los mapas es la ubicación… pues he ahí mi manera de amar, cartografiar en la medida en que avanzamos, no dejar referencias visibles y todo volverlo experiencia sensible, pues contigo no me importaba recorrer los mismos caminos… siempre y cuando fuera contigo. Porque la rutina no implica hacer lo mismo es simplemente sentirse igual.

Y es que en mi memoria evolucionas, creces, maduras, envejeces y hoy mueres. Pasas al terreno de los muertos, de mis respetados muertos, de aquellos que no vuelven… de aquellos que no están… pero sin duda dejas el legado incólume de mi adoración y la certeza de mi respeto.

Dignidad, posibilidad de respirar y no sentirme culpable por ti, por mí y por este fiasco grandioso de abordarte. Ganas de hacer pero embaucadas por la pereza de emprender viajes y quedarme en la misma ruta de abandono. Lamentos de saber que no te tendré, que te superé, que fuiste… que estuviste… que ahora te conjugo en un pasado simple que por razones obvias no tiene participios o gerundios.

¿Descansarás de mi? De mi permanente admiración, de mi acuciosa inquietud por tenerte en cuerpo y esencia… ya no habrá más diatribas sobre tu mirada, ni informes sistemáticos de mi intimidad… no me agotaré en ti… es decir no serás mi límite de existencia…

¡Qué seriedad la que tengo! Me desconozco, no sé donde quedaron mis imprudencias, mis llamadas repetidas, mis ocurrencias… parece cómo el canto desesperado que te salva de todo… una filosofía fácil de asumir… como un Hakuna Matata sentimental. ¡Perdón! No quise molestarte con dibujos animados. Aunque no tenga sentido, quiero decirte que, hoy veo huecos en las paredes, hoy le pregunto más a las personas cómo están, hoy aterrizo en la sensibilidad de un humano que sabe que lo que el otro siente es importante…

¿Tienes afán verdad? Debes irte, entiendo… buena suerte… buen viaje… deseo que te vaya bien, que te alejes lo suficiente para poder extrañarte de verdad y no como suelo hacerlo, extrañarte a mi manera… extrañar lo que no eres, fuiste o serás… hoy dejo de amarte en primera persona (con todo lo que ello implica), me perdono… me comprendo… me asimilo…

Hoy sé que contigo malcrié mis sentimientos, no les puse límites, por eso son adolescentes autofobos, que no saben qué quieren… es hora de que pasen a la siguiente etapa y vean su propia historia con tranquilidad… es hora de que se relacionen con otros subsentimientos, de que se sepan infantes sobreprotegidos… de que dejen de drogarse para sentirse felices y escapar de ellos mismos…

Me perdono, me comprendo, me asimilo… antes de irte debo agradecerte, más que un acto cursi de adiós, con un apretón de manos y cancelar la cuenta del café… más que hablar de sueños de dinero, viajes, compras… más que por el futuro planeado e inconcluso… la posibilidad de saberme, de devolverme a mi propia existencia solitaria, como un eco, que sólo sabe repetir… ¡Mira lo que son los ciclos! Nuestra relación empezó cuando te conté la historia de Eco y Narciso… creo que nada ha cambiado…

Ese día te dije que Eco era la ninfa más charlatana y mentirosa de los bosques y que Hera se molestaba con su actitud, por eso la castigó obligándola sólo a repetir lo que decían los otros. Pero un día Eco vio a Narciso y se enamoró de él… “Vete, yo no te amo” le decía y ella respondía “te amo… te amo”… ella al no verse correspondida se fue deshaciendo hasta esfumarse y sólo quedó su voz… Artemisa decidió castigar a Narciso por ser tan engreído y vanidoso y un día lo hizo mirarse en un manatial de agua cristalina y enamorarse de él mismo… él no pudo soportar que aquel bello rostro no saliera del agua y entonces se quitó la vida… justo ahí en ese lugar nació una bella flor llamada narciso.

Hoy recuerdo tu cara de asombro… y si me tocara repartir los personajes… me pediría ser Artemisa, a ti te corresponden todos los otros roles… Narciso, Eco y Hera.

Buen viaje… y espero que los dioses del Olimpo te cobijen…

3 comentarios:

Rosita dijo...

Wow!! extraordinario, no tengo otras palabras.
eres bienvenido a mi teatro, cuando quieras visitarme, un saludo.

starship dijo...

maravilloso tienes un don para la escritura sigue asi que eres inspiracion

Shirley Sepulveda. dijo...

por este escrito es que hoy busco refugio en tu blog...