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miércoles, 27 de abril de 2016

ENTONCES, EL AMOR ES…


Una leve idea del disfrute narcisista de una experiencia mutua en la cual nadie siente la necesidad de poseer al otro… 

Aire, yo quiero una canción que me lleva a marte
aire, tu boca es la poción que envenena y arde.
Aire
Árbol de la inspiración, robó mi voz,
se quema mi luz, y vuelvo al mundo inmundo,
devoro tu boca, ya creo en tu milagro,
camino por tu cuerpo y vago,
rindiéndome al deseo, de ser, tu aire,
rendido al deseo, de ser tu aire.

(Álbum Luna Park, Los Cafres, 2006, Canción: Aire)

Estoy en medio de un pensamiento, atado y luchando contra la idea de que es equivocado lo que digo, tengo más miedo que vergüenza, las ganas de que me recuerden son más elocuentes que mi inspiración… navego con asfixia por las rencillas que me deja este espacio sin tiempo… es como un escenario al que acude un público especializado, quiero ver quien llega:

No lo quieres aceptar 
Ni soy tu mal, ni soy tu paz 
Soy el temblor que agita tu maldad, ¿verdad? 

Lo sé, tú quieres escapar 
Ya no es azar, ni es normal 
Y beso a beso destruyo tu calma, tu alma 

Y no me niegues hoy la puerta que quieres cruzar 
Lo que te gusta de mí 
Sé que te hará sufrir 
Te aleja de mí, te hace morir 
Lo que amas más de mí 

Lo que te gusta de mí 
Sé que te hará sufrir 
Lo peor de mí, lo que amas de mi 
No te dejará dormir 

No lo puedes entender 
Dudas de mí, quieres de mí 
La tentación empaña tu intuición 

Y ya no juzgues mi actuación 
Tal vez en mí te ves a ti 
De este infierno tu eres el verbo ¿no es cierto? 

Y no me niegues hoy la puerta que quieres cruzar 
Lo que te gusta de mí 
Sé que te hará sufrir 
Te aleja de mí, te hace morir 

Lo que amas más de mí 
Lo que te gusta de mí 
Sé que te hará sufrir 
Lo peor de mí, lo que amas de mí 
No te dejará dormir 

(Lo peor de mí. The Mills. 2011)

 Parece entonces que la vida sí tiene una banda sonora, ¿Será eso? ¿Un asunto musical que me puso en este embrollo? ¿Por qué y para qué estar aquí?, sólo puede ser una especulación, pese a las trilladas advertencias de no imaginar cosas, esperanzarse. Entonces, la terquedad me lleva al abismo del recuerdo… sé que estoy en medio de una idea, la puedo oler, pero no quiero que hable… le muestro mi desprecio con un ademán silenciador. ¿Quién anda por ahí merodeando?, ¡ah! Es ese señor, Constantino Cavafis y que quiere decir?

LO OCULTO (1908)
Por cuanto hice y por cuanto dije
que no traten de encontrar quién era yo.
Un obstáculo se alzaba y transformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Un obstáculo se alzaba y me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Mis acciones más inobservadas
y mis escritos más ocultos
-sólo por allí me entenderán.
Mas acaso no vale la pena gastar
tanta atención y tanto esfuerzo para conocerme.
Más tarde -en la sociedad más perfecta-
algún otro, hecho como yo,
ciertamente surgirá y actuará libremente.

De nada sirve leer a Cavafis, si sólo puedo sentir repulsión de lo que he querido ser… debo aprovechar este destello frenético para escribir mis frustraciones rápidas… quise tener un perro y llamarlo con un nombre de emperador… ¿Nerón? No. Muy trillado… ¿qué nombre?... Imperator Caesar Divi Traiani filius Traianus Hadrianus Augustus, y me imagino llamándolo en un parque, o regañándolo por cagarse en la sala… 

Ese es el problema, divago, me descentro, no sigo unos pasos lógicos… ¿Dónde está la exposición de la tesis… dónde está la argumentación… las referencias? Quiero saber a dónde va esta idea… a qué recuerdo me encadena a cuál ilusión me llevará:

“Mamasita” 

Y con ese error se me pasó la bobada paranoica… 

Vuelvo cargado de odio… de desespero, de humillación… soy ajeno, soy abandono, soy súplica, soy torpeza… 

¿Dejo de existir en mi subconsciente? ¿Acaso el deseo no es una forma de conocimiento narciso, pero real? ¿Dónde queda eso que no sirve… la ternura, la compasión?...

Creo que alguna vez leí algo con un título que decía… Secuelas de una larguísima nota de rechazo… y había un mensaje con una intención así: “Quiero que sepa sin embargo que todas las noches que he dormido a su lado, incluso las discusiones más inútiles, siempre fueron algo espléndido y esas difíciles palabras que siempre temí decir pueden decirse ahora: te amo.” No creo que a ese viejo indecente le importe que lo nombre… debe estar embriagado, maldiciendo y siguiendo los impulsos del deseo sexual. 

Debo volver, estos saltos sin sentido me provocan asco… ¿y si leo algo que me haga volver al recuerdo negado? ¿y si me entero que alguien más cuenta detalles que yo sólo podría contar?

Tengo que hacerlo primero… 

Dime alguna cosa que no sepa de ti, para gritarte en la cara que eres una farsante, 
dame la mano con ordinariez, para borrar tu estirpe de mis reinos, 
hazme un recuerdo, hazte fugaz… 
sigue en la pérdida del vacío para llenarte de algún sentido… 

Quiero seguir escribiendo, pero me detiene alguna frase impertinente: “No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan”… ya no sé ni me importa quien la dijo… 

¿Alguien entiende esto? La idea esa, la del principio me puede llevar a la locura… Escucho una voz femenina… no sé de quién es… la muerte… la lujuria… la amnesia… 
habla...     d e s p a c i o     y     d i c e : 

"El precio de esta clase de amor puede ser muy elevado".

Se me antoja llamarla Melissa… o mejor Justine...

Hace algún tiempo escribía… ahora, ahora… sé que estoy fingiendo.

lunes, 5 de octubre de 2015

UNA VEZ, UN ESCRITOR...

Aquella vez, él olió su cuello, justo en el punto donde se alojaba el collar, que unos minutos antes le había quitado con un misticismo cómico. El olor a metal, contrastaba con el aroma que provenía de la raíz de su pelo y el vacío de su espalda.

No estaban bien las cosas; ella creía que él hacía lo que hacía por obligación y él creía que ella no era justa con sus apreciaciones. Era increíble cómo hace unas semanas vivían un idilio insuperable y ahora todo era pastoso, amargo, aletargado.

Él le había prometido hacerla feliz y ella había comprado tanto esa promesa, que se había olvidado de ser feliz a su lado, lo había congelado en aquella indecente vez del centenar de muertes o la tardecita en que se sintió poseída en serio por primera vez.

Se enroscaron en la cama, pero no tenían de qué hablar, sus pieles presentes, sus mentes aturdidas y sus espíritus confusos, eran un tributo a la esquizofrenia romántica, sí, había ganas, pero estaban asustadas por las exposiciones y discusiones de los puntos de vista, él discutía sobre amor y ella sobre ser amada.

Se besaron.

Pasó.

Pero después vino un vacío y ambos tuvieron sólo ganas de llorar, era la evidencia de la soledad en compañía, la presencia ausente en su esplendor, él se escapaba a los territorios de la nostalgia, en los que eran felices y ella viajaba rauda a los campos de la esperanza, en los que serían felices.

Él cerró los ojos y ella lloró, porque ahora se dormía a su lado, él quería pensar que eso era una pesadilla y que su voz que antes lo arrullaba que ahora parecía un chillido insoportable, era el resultado de tanto consumo de nicotina; él estaba volteado, y ella sólo veía su espalda y su respiración regular era un insulto, se había enamorado justo de su capacidad de variar el universo, con él, no se sabía nada, o mejor decirlo, todo era posible.

Ella le confesó que en ese momento su olor le había parecido diferente, que su cara demacrada ya no era un signo de inteligencia y depresión creativa sino más bien un decadente estado de salud, él pensó en decirle que…

El escritor se detuvo a fumar, leyó una y otra vez lo escrito, pensó que tal vez estaba perdiendo ritmo, y que hablar de lo mismo otra vez, no valía la pena, también pensó que su amigo, aquel escritor que ahora no escribía, le haría el mismo comentario, también se imaginó las lecturas descontextualizadas de este escrito, por un momento odió a todo el mundo.

Y sus dedos se dispusieron a escribir sobre el odio, como por ejemplo, a aquellas personas que no apoyan a sus parejas y se vuelven impedimentos, a aquellas personas estúpidas que se comprometen por el afán de realizarse y no con la urgencia del amor… pensó el escritor, que una vez más caía en la tacaña manía de no ir al psiquiatra y que escribiendo se iba a curar de eso, de eso que él sabía.

Porque para no enloquecer en una relación, la única manera es no amar, escribió, se sintió inteligente y sensible, pero a la vez supo que eso lo había escuchado alguna vez, pero en realidad nadie lo sabría…

Escribir sobre lo que nadie sabría que él no sabría, un plagio permanente, se animó de nuevo, respiró un poco,  pensó en escribir sobre sus deudas y el pavor que le causaban, el miedo y la valentía del amor, cómo había perdonado a esa que lo había traicionado una y otra vez, hasta el punto de perdonarla por adelantado, quiso escribir sobre sus amenazas de olvido, quiso escribir sobre lo que había dejado de escribir por cobarde.

Era hora de tomar las pastillas o las gotas, algún químico que le calmara su ansiedad, algo que le desacelerara el corazón y le disminuyera la sensación de que su cabeza le explotaría, se paró de su escritorio, miró sus papeles desordenados, sus novelas comenzadas, unos teléfonos como garabatos que eran de anónimos interesados en publicarle sus angustias hechas letras. Caminó tambaleante y el piso de madera crujió a cada paso de plomo. Estaba viejo, solo y lleno de vida muerta. Había fracasado en intentar fracasar, pues sus espacios propios le eran ajenos, quería hacer sentir mal a todos los que lo habían humillado… ¿humillación? Es un buen tema, pensó, y siguió su camino al baño con luz amarillenta.

El espejo le advirtió sus arrugas, había colillas en el lavamanos y se dijo a sí mismo que quizá era hora de dejar de fumar. Se preguntó si estaba loco, si en realidad había enloquecido por ella.

Ella, ella, ella, parecía el gran tema de su novela propia e interminable, ella, tenía preguntas sin respuesta, ternuras repentinas, manías de posesión, ella, era su ama y él su esclavo, pero ambos fingían lo contrario.

Se mojó la punta de los dedos, se miró las uñas en exceso limpias, sus dedos amarillentos saltaban como niños ansiosos, y recordó la imagen de ella, desliéndose en su brazo derecho, ¿Dónde estaba ella? ¿Dónde estaba él sin ella?

Regresó con rapidez a su escritorio trillado de escritor creativo y desordenado, esta vez, estaba decidido  a escribir:

Te extraño, escribió. 

Y quedó en el limbo de su propia creación.

domingo, 13 de septiembre de 2015

ACLARACIONES SEMÁNTICAS: A) ASCO Y REPUGNANCIA Y B) AGRADECIMIENTO Y GRATITUD

Sentir… es fácil,
saber qué se siente… es complejo,
valorar lo que se siente… de eso se trata la vida.
Lo primero que se me viene a la cabeza y más como en la parte del cuello es el asco, esa, técnicamente, emoción, pero en este instante sensación, que me embarga cuando pienso en alguien… ¿por qué? ¿Qué fue lo que me hizo para volverse cliente de mis más bajas miserias? Bueno, creo que me hizo creer que era algo que no era, algo así como una estafa perfecta, alguien de naturaleza podrida, sin más que sus instintos vacíos, vaciados e irresolutos.
Ese asco, como rasgo humano, me agobia, porque trasciende lo físico y en el caso que refiero es un tema psico-emocional, en cambio,  los animales, ante alimentos no deseados, los olfatean, y en caso de que no les sean atractivos, simplemente, los dejan ahí, sin rencor. Yo, como humano que me jacto de ser, cuando estoy frente a algo repulsivo, como el recuerdo de “esa” del primer párrafo,  salto como un resorte, me tapo la nariz, levanto el labio superior y me veo sacando la lengua ligeramente de la boca, como si con ese acto, pudiera escupir esa asquerosa materia -según el caso citado: fecal-, que no quiero saborear.
Yo creo recordar que tuve asco por primera vez a los 5 o 6 años. Mi primera imagen al respecto, es la de un tipo, comiéndose un huevo crudo con una Pony Malta, de ahí nada de uno ni de lo otro, el olor, el simple olor me causa arcadas, hoy que escribo sobre esto, siento que es más grave el asco emocional, que se envuelve de rabia, decepción y un profundo desprecio, aquella, me mostró una faceta falsa, siempre, jugó a mentirme, y yo, siempre jugué a creer sus falsedades.
Sé que mi estómago, a diferencia de otros carnívoros, tiene pocos químicos ácidos, que no le permiten asimilar toxinas y microrganismos en caso de comer algo descompuesto, por ello el asco es mi defensa biológica, o sea que es una manera de protegerme… el rechazo entonces es como una advertencia… entiendo, ahora es más claro, en lo emocional, lo podrido duele, y la exhibición de la propia estupidez, genera cierta molestia, que se me antoja llamar asco.
Por su lado la repugnancia, la puedo entender como aquella aversión que se siente o resistencia que se opone a consentir o hacer algo, así, recordarla es repugnante, porque no quiero, no debo, pero mi ego me engaña, al pensar que recordándola la olvidaré, me temo, que quiero vengarme y sé exactamente cómo hacerlo, sé lo que le duele, sé lo que la hará renegar, cada segundo de su cicatera vida.
No sé quién soy, ella ha destapado mis peores sentimientos, así como lo hizo con los mejores. Qué patético me veo amenazando a alguien que no tuvo la capacidad para entenderme, me arrepiento de haber compartido todo con ella, sólo puedo entender que hice un pésimo negocio, creí sin miramientos, fui honesto, y ahora más que hacerme la víctima, estoy intentando, untarme de dignidad e inteligencia, pero no racional, sino en eso de sentir.  !Eso es!, sentirme digno, sentirme inteligente, poder pasar la hoja, poder verla como una cicatriz, que con el tiempo se fundirá con mi piel. Recordarla sin dolor, sin angustia… ¿Recordarla? ¿En serio? ¡No!. Otra vez me miento, y distraigo mí rencor con palabras para no asesinarla en mi morgue de las peores cosas que me han ocurrido.
Soñé que estaba escribiendo y es un sueño tautológico porque escribo sobre el sueño,  y estoy convencido que debo llamar ayudantes espirituales, para cambiar el enfoque, para liberarme…
¿Sabes cuál es la diferencia entre Gratitud y agradecimiento?
Te prometí extrañarte mucho... 
Me prometí extrañarte mucho... 

Aquí está la muestra...


La gratitud es una construcción racional vinculada a la experiencia, por tanto la aprendes con el paso de los años; algunos la entienden como valor esencial, pues se relaciona con la capacidad simbólica que implica una profunda conciencia sobre la existencia, te hablo de elementos trascendentales y justo por ello del orden espiritual.

Me dijiste “gracias” muchas veces, pero eso no te vuelve agradecida, pues esta acción tiene que ver con el reconocimiento del valor de lo que alguien ha hecho por el mundo, por seres que amamos o por nosotros mismos... ¿ves?, una reacción momentánea de buena educación o buenos modales, no te sube al nivel que digo.

Pero, no te afanes, porque seguramente, confundí todo aquello que me diste, con una generación de un sentimiento de deuda, como si te debiera mi vida, por lo que me diste, por lo que compartimos. ¿Ahora lo ves? Es mi problema, eso de la autoestima baja en concubinato con el ego, me llevó a creer que eras quien yo creía que eras. Lo siento, te lo digo sin rencor: te rebasé, te extralimité y al verte sin filtros, quedaste ahí, tal como eres.

Quizá estoy en el huracán del olvido rampante, y valoro en exceso lo que hice por ti y firmé contratos a pérdida contigo. Lo siento de nuevo, no leí la letra pequeña y establecí vínculos perpetuos… eso mismo que yo llamé compromiso, eso mismo que tu llamaste relación conmigo.

Pero, quiero aclararte que nada de lo que hice fue obligación, fue una catarata de sucesos, a los cuales les di valor ¿entiendes? Valoración, no por bella, no por sexy, el problema, es que diste por sentado, diste por supuesto, asumiste que era obvio. Hoy no tengo la anestesia de la ternura: te equivocaste, porque no pudiste asumirme, porque tu capacidad no te dio para más. Pero, te voy a liberar, yo no debí darte mis tesoros, que ahora son baratijas sin valor, también arrumbadas en tu propio basurero emocional.

Te di cosas que el dinero no puede comprar, el resto es una simple transacción, de especie, de regalos, de humedades, de viajes, de formas de ver… el resto, preciosa, el resto, lo puedes adquirir en cualquier bodega, con cualquier gerente, de hecho, con quien quieras.  

Fuiste indiferente a mis esfuerzos por mostrarte mi vida... sí, sí lo sé, me mostraste la tuya, asimilaste mis peticiones y en una impresionante ergonomía emocional, me hiciste poseedor de un esquema feliz, de un modelo exitoso, pero, hay que decirlo, falaz. No me pediste nada, pero te lo di todo… partamos de allí, para cualquier reflexión al respecto. Aquí debo hablarte de voluntad, de lo que arriesgué, de lo que dejé por seguirte, ¿mi problema? Sí, es verdad, mejor cambiemos de ítem, se trata de expresar y reconocer, sólo es eso.

Y aquí estoy como un desconocido, un perfecto desconocido que hace cosas para facilitarte la vida, y si lo pongo en pasado suena mejor, fui un perfecto desconocido que hizo cosas para facilitarte la vida… mejor, suena mejor.

Hoy sé que no tienes gratitud en tu alma ni manifiestas agradecimiento, tus actos lo dicen, mis recuerdos sobre tus actos me lo gritan, las consecuencias sobre tus actos me impulsan a traerte de vuelta, una y otra vez, para preguntarte ¿por qué? Para dejar de creer en tus explicaciones bobaliconas, de que todo lo que hiciste fue porque yo te llevé a ese límite…
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Creo que la felicidad es el resultado del agradecimiento, agradecer entonces es un acto de equilibrio, no de venganza, y esa es la gran diferencia entre eso que tú llamaste la forma de amarme y que yo llamé, lo que pasó entre los dos.

Me agradecías por rutina y yo porque sabía lo que te entregaba, me agradecías como una autómata programada y yo que en cada beso te daba mi alma, es claro que estábamos en diferentes orillas de la relación. Yo teórico, y tu pragmática, yo denso y complejo y tú liviana y simple, yo tan yo y tú tan aparentemente tú.

Haz muerto, y no te alcancé a decir: “gracias”, ya no vale la pena, ya no interesa, sólo si el perdón llega, el agradecimiento es posible… por eso escribo, no para perdonarte, sino para perdonarme… dilo, sin miedo: ¡ególatra!, ¡egocéntrico!, lo acepto, y es que es mi manera de protegerme de tu intento de asesinato.

Pero, ya para terminar, debo decirte que hoy soy parte de lo que me hiciste ser, fuiste mi inspiración, mi renovación, mi reflexión, y si no me reivindico con eso, no podré seguir adelante, y estaré como un cangrejo emocional, yendo hacia atrás, volviendo a caminos recorridos, reciclando desechos de los desechos.

Porque así no lo creas, mi querida fantasma, hoy puedo ver lo que tengo, mis privilegios y mis logros, la gente que me quiere, lo mejor que me ha podido pasar, elijo agradecer, siento gratitud, porque amar y ser amado es lo que me permite la inmunidad ante lo asqueroso, ante lo que no quiero ni me pertenece, ¿Qué si lo merezco? ¿Merezco cosas horribles? Quizá, pero no las quiero, y si vienen, aprenderé de ellas, soy afortunado, sólo porque tengo mucho que agradecer… eso te incluye.

Porque me liberé contigo y de ti, porque me arrasaste y renací mejor, porque aprendí que debo ser cuidadoso con lo que entrego, porque fuiste alimentadora de mi ego, porque fuiste tóxica y me hiciste fuerte, porque te amé, porque te olvidé, por todo, gracias.