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jueves, 15 de enero de 2015

GENES DE LAS IMÁGENES

Tengo varias imágenes acosadoras que me hacen matoneo para que escriba sobre ellas, la que más me violenta, es una de "ella", secándome la camisa con el secador de pelo que estaba en el baño de un motelito; ella, estaba desnuda y preocupada porque antes de entrar allí, un aguacero inmisericorde nos había cobijado totalmente; me veo acostado en la cama, y ella, tras mis peticiones deja la puerta entreabierta, la veo desnuda y pasando con insistencia el secador por mi camisa, con tanta devoción, que me enterneció.

Otra imagen me empuja, reclama su derecho a ser contada, es sobre ella, -la misma de la imagen anterior-, esta vez, puedo ver cómo le gusta el olor de los fósforos y cómo me enciende los cigarrillos con celeridad, para disfrutar de esa muerte humeante; su cara de placer oculto, que entrecierra los ojos y sube un poco su remedo de nariz.

Hay otras imágenes en puja, como si se tratara de venta de acciones en la bolsa, todas histéricas y desesperadas por volverse letras y mensajes claros de afecto, de amor, de odio, de rencor… Hay una imagen que me llama la atención pues parece no estar interesada en ser contada,  está sentada, más bien recostada, en un rincón.

Es la imagen de lo que ella me ha contado, es una imagen que contiene muchas imágenes de su pasado…

No soporto muchas cosas: los atletas, los machistas, los etólogos, los despechados que golpean puertas, los aprovechados, los que hacen sentir mal a otros para ejercer dominio sobre ellos, los que sólo buscan a las personas cuando las necesitan, los patanes, los burdos…

Todos ellos han sido tatuados en esa imagen, les echo un vistazo y sé entonces que esa imagen tiene un rótulo oculto que se llama miedo.

Quizá no quiero ser como esos, no quiero entrar en la fila de pelafustanes, caballeros, muñecos, entrenadores, acosadores, modelos, altos, elegantes, cochinitos, voluptuosos, lujuriosos… y es así como todo lo que fabrico en mi mente, me lleva a su cuerpo, a pensar que ha sido recorrido, colonizado, disfrutado,  estrujado, acariciado, lamido, sólo puedo pensar en venganza.

¿Contra quién? ¿Cómo? ¿Contra ella? … Quisiera entonces no amarla tanto, y recurro a argumentos como la libertad, el respeto, la confianza, pero puede más esa llama de la revancha…  ¿Meterme con otras?, ¿con sus amigas? ¿con alguien que ella odie? ¿con aquella muchacha de la que sintió desconfianza y que me sonreía socarronamente? ¿Contárselo?... No, sería fácil y por demás desgastante… Se me van agotando las ganas de desagravio, y de a poco llegan nuestros mejores momentos, sus risas, la manera como mueve la boca cuando se indigna, su cabello que cae por su espalda, su renuencia a hacerse pedicura, la redondez de sus caderas… su sabor.

¿Qué es esto? ¿Un nuevo safari por el recuerdo de ella? ¿otra parrafada sobre sus talentos en los malabares eróticos? ¿Una manera más de convencerme que soy afortunado por tenerla a mi lado – o encima, o debajo – ?, ¿Es esto un clamor, para pagar tributos por ser mi fuente        -literal- ?

Mi brazo derecho ahora hace una protesta, quiere ser mencionado, quiere decir que funge de canal... pero eso no es prudente, quizá pueda ser hasta inadecuado e increíble...  ¿Qué será? ¿Qué será lo que más me gusta de ella? ...  ¡Su cuello!, eso es, espigado, susceptible a mis mordiscos y masajes, ¡Su vientre!, que sujeto indecentemente,  !Su espalda!... en general, ahora que lo pienso... todo su sistema linfático.

No hay más imágenes las he espantado a paraguazos, queda el silencio de sus ojos, la forma de sus cejas y su pasión insolente por mi piel. También, un par de archivos clasificados para adultos, de sus videos privados.

Tengo tantas imágenes que quieren ser contadas, que parecen fantasmas multiplicados por sus propias miedos de existir, quizá quiera saborear con más frecuencia sus besos, oler su pelo o simplemente embriagarme con su humedad… quiero querer todo con ella.

A veces pienso que llegaré de un viaje y me recibirá feliz en el aeropuerto, también que me irá a recoger a algún sitio o que me hará reclamos místicos por hacerla esperar… a veces quiero verla tranquila y pendiente de lo que yo hago, preguntándome si ya almorcé o regalándome cositas… ella sabe que no me gustan las sorpresas, ella, dice que he trastornado sus deseos, que he alterado su piel, que he exacerbado sus apetitos bajos.

Ella es quien me ausculta, me instiga, me hace ser el más salvaje enternecido gatito feroz, torpemente intrépido, adicto a su olor, dependiente de su paisaje, devoto de sus movimientos, prisionero de sus peticiones y sobre todo, su más ferviente admirador.

Me retiro a seguir viendo mis imágenes de ella, mientras la disfruto en vivo, mientras puedo amanecer de nuevo en su regazo, mientras que me solicita servicios de masajes, depilación, consejería, corrección de estilo… mientras que me vuelve a iluminar la vida con su bendita sonrisa, mientras que me dice que me ama y dibuja un beso en el aire, porque casi siempre, ni su presencia me salva de su ausencia.

sábado, 13 de diciembre de 2014

NO CORA, GRACIAS PERO NO…(DISCULPA)


 Now holidays come and then they go
It´s nothing new today
collect another memory
when I come home late at night
don´t ask me where i´ve been
just count your stars I´m home again
because you could be mine
(Pista Nº 12 de álbum Use Your Illusion II. Guns N´roses 1991)


Llueve y hace frío, de fondo “You could be mine”, tengo la decepción y la angustia fundidas en la lengua, listas para escupir; tu foto -con la que hablo aquello que no te digo-, me parece monótona, creo recordar nuestra última y reciente crisis: Decías que todo se debía a que te hacía falta, que me extrañabas, y que en definitiva no soportabas la ausencia… además, que no tolerabas la lejanía y frialdad con la que “últimamente” te trataba.

Te quise argumentar que estaba en algún proceso de creación y que para ese momento mis sentidos se alteraban, que enloquecía al crear personajes, que hablaba con ellos, que algunas veces tenía que hacerlos sangrar o embriagarlos para que dieran lo mejor de sí… y te seguía hablando de esquemas literarios y tú me seguías reclamando por los pocos besos otorgados… entonces enloquecido a la fuerza y cuerdo por tus besos, lloré, te dije que, por favor, me entendieras, pero el depósito de besos, según tú, estaba vacío.  Era mejor dejarme solo con mi supuesta locura, así, en un acto inesperado de dignidad, te dije, vete.

Nunca supiste que enloquecí para ti, te escribía una obra y los personajes eran mi manera de purgar mis demonios y darle la bienvenida a las buenas maneras, no supiste que todo lo que hacía era para demostrarte el amor que descubrí en ti.

Pero, por contexto, hablemos de obsesiones: Como sabrás, el origen de obsesión es obsessĭo, que es una palabra latina que significa asedio… ¿sabes? es un tema anímico, que consiste en la persistencia de una idea fija, ¿lo recuerdas? me refiero a la impresionante forma de escuchar las mismas canciones, tus tendencias predecibles, tus preguntas sobre mis musas de inspiración del pasado, del presente o las que no han llegado… lo más interesante es que para algunos, es un pensamiento, para otros un sentimiento y para otros una tendencia… ¿Me sigues? En ti, como en mi, el asunto de la obsesión es una terna entre lo que pensamos, lo que sentimos y esa disposición natural que tenemos a ser repetitivos.

Algún día, me dijiste que tus obsesiones eran pasajeras, fugaces… efímeras, y que pese a todo, nuestra relación había sido la más duradera que habías tenido,  (nunca entendí si te referías a la obsesión o a la relación) yo te observé con atención y vi cómo movías las manos mientras pensabas e ibas disparando argumentos para defender tu postura sobre el amor.

Entonces vino el tiempo de no tener tiempo, la angustia de no poder hablarnos, como si nuestra relación hubiese estado en receso, un paréntesis, una pausa… y hablábamos menos, nos veíamos casi nunca y nuestros cuerpos se desacomodaron uno del otro. Así, lo primero que olvidé fue tu olor… ¿Te acuerdas? Te olía justo en el límite de tu frente y tu pelo, encima de tus cejas… después, fui confundiendo los recuerdos y ya no tenía datos exactos de los sucesos… también, se fueron diluyendo las palabras de respeto y ternura, y hablábamos como esas parejas que tienen demandas mutuas por maltrato.

Después, de a poco fui olvidando el lunarcito en tu nariz, tu fascinación por las cosas esotéricas, no me acordaba bien de cómo habías superado algunos traumas del pasado y conmigo, en este presente confuso, habías adquirido otros. En efecto, todo parecía ser un asunto que implica la catalización de la vigencia perdida… o sea con tu actitud aceleras el proceso de omisión.

Pero,  hoy llueve y recuerdo tu humedad, hace frío y quisiera estar en tu regazo, o morderte un poco el vértice aquel, para dejarte de nuevo un rastro de mi paso por tu piel. No sé en qué momento se acabó la canción con la que empecé a escribir esto, ahora sólo hay silencio y unas voces en el tercer piso hablan de algo que no entiendo y no me importa. Quiero verte, pero estás tan lejos… como en un portal antiguo, diluida, ajena, borrosa.

¿Otra amenaza de olvido? Dirás mientras subes tus gafitas, y entro en esos procesos de creación en donde me refugio de tu verdadero personaje, estoy sombrío y eres la causa, apareces entre pornografía y versos del Romanticismo, estás en la mitad de mis perversiones y mis anhelos de estar en serenidad.

Extraño el sabor de tu sudor, lo quiero comparar con algún sabor y me saboreo buscando alguna referencia en mi paladar pero olvido a qué vine, no puedo evocar para qué escribo y según algunas premoniciones de mi horóscopo, pronto no recordaré para quien escribo.

Supongo que sigues detestando mis párrafos cortos, o piensas que es un error decirte que me encantas y me importas, o asumes que te timo cuando digo que me importas… y viene un nuevo chantaje: tu vida y la mía como líneas paralelas… ¿entiendes? que no se tocan.

No he podido regularme contigo, y cuando amo me preocupo, quiero que a ese alguien, le pase lo mejor, y es así como empiezo a protegerte de todo… hasta de mi mismo… este es el principio de cómo construyes todo, como en un cuento infantil que tiene un mensaje para adultos.

Déjame y lo pienso unos segundos… Te amo, pero este compromiso tiene una misión: Ser felices… ¿Te atreves? ¿Quieres? ¿Puedes?... a estas alturas del texto, de la relación, de nuestras vidas, no lo sé… y las certezas que me das son insuficientes y tal parece que mis argumentos son desesperantes… somos ambición y pobreza, nostalgia y desinterés, somos honor y deshonra.

Déjame pensarlo de nuevo: Te adoro, pero, parece que no queremos ser mejores que esto, es posible que nos conformemos con lo que nos toca, nos corresponde y no queramos nada espectacular.

Espera: Te quiero, pero nuestras coincidencias hacen que perdamos lo que más nos importa… me refiero a nosotros mismos.

Oye: ... (Pon aquí lo que se te ocurra)

Cómo siempre me excedo estúpidamente, pensando en cómo hacerte mejor la vida.
(Disculpa)

viernes, 5 de diciembre de 2014

CARTA ADOLESCENTE (NO SE BURLEN)

  
¿Uno qué va a saber cuando es amor, 
cuando son ganas o cuando es curiosidad?

Quisiera negar que me gustó de primerazo, he estado en ese intento de convencerme que no me llamó la atención su pelo largo, el color de sus ojos, ese estilo medio hippie y medio de clase alta… ¡EXACTO! Era como una gomela hippie, que parecía levitar en medio de todos nosotros sus mundanos admiradores.

Supe de ella algunas cosas, que se había metido, con algún fulano poético, que había enloquecido a un patético adulador y que alguno de sus amigos llevaba cotejándola años enteros.  Juro que yo no quería acercarme, digámoslo así, no quería involucrarme con esta muchacha bonita, porque según mis registros, experiencias y vivencias, el precio a pagar al relacionarse con alguien de semejante perfil, es carísimo. Ya saben, todo ese tema de la autoestima de algunas preciosas, que es inversamente proporcional al espectáculo de su belleza.

En fin, he de decir que hubo un acercamiento estratégico de su parte, demostró con timidez algunos de sus conocimientos literarios, expresó con claridad algunas de sus ideas y alguna vez leyó uno de mis textos. Fue entonces cuando fungió de lectora seria, recia y entonces, hacía comentarios sobre la estructura, el ritmo y hasta destacaba partes de los textos, que yo no había visto.

Obvio, dirán, me aduló, y yo con esta ansiedad de reconocimiento, pero la cosa no terminó allí, en alguna charla en el trillado café romántico, me contó asuntos de su vida, e iba dejando notas al pie, que demostraban una filosofía extraña, en cuanto la forma de ver la vida.

Alguna vez caminábamos hacia un supermercado para comprar una bebida energética y se lo dije: “Usted me intimida”, respiró, entrecerró un poco los ojos y se quedó en silencio. Así la nombre por primera vez: “Dueña del silencio”, y empecé una competencia agotadora por convencerme de que yo no le gustaba, al menos no tanto como ella a mi.

La acompañé a su casa y ahí a la vueltica, en el lugar menos romántico, al frente de un basurero, pasó nuestro primer beso, desde ese momento hasta entonces he estado suspendido en el olor de su cuello, en los pliegues de su cuerpo y en los laberintos agrietados de su mente.

Dos o tres veces la he visto descompuesta, es decir, por fuera de su elegancia y paz natural, siempre parece modelando, como se sabe bella, se rodea de belleza y lo que hace por ende tiene ese maldito estilito insoportable de perfección. Sin embargo, alguna vez mintió y no supo cómo mantener dicha farsa, eso la llevó a un estado ansioso inusitado hasta ese momento, otra vez, tuvo que intentar olvidarme con otro, y no pudo manejar el tema, ni con él, ni conmigo… una vez más, se embriagó y dijo cosas inconfesables, pero bellamente encadenadas al argumento de quererme.

Viajamos, me prestaba atención y hacía preguntas relevantes a cualquier tema que yo expusiera, y en las noches era una mezcla de experiencia y candidez, el punto exacto de la increíble coincidencia de la piel, era de todo: grifo, objeto, grito, caricia, seda, almizcle y almíbar.

Me fui enamorando sin querer, como siguiendo una procesión de sus letras que nunca me mostró, me fui acostumbrando a su propuesta sado-romántica hasta que me hizo extrañarla, sus silencios, sus permisos, sus mentiras… y un día explotó el te amo de mi boca, como una liberación de sensiblería y agradecimiento.

Callada, tranquila, sublime, exacta… perfecta.

Hoy quiero detener el tiempo en este texto, dejar un testimonio de amor, pasión y gratitud… de a poco te ganaste mi respeto, mi admiración, mi adoración… ¿Cómo hacértelo entender? ¿Cómo decirte que eres la dueña de mis angustias, que por ti lloro, que mi cuerpo no entiende sino el lenguaje de tu piel?

Me reprendo por amarte de la forma como lo hago, y te asomas feliz a mi vida, como invitándome a que engulla tu existencia, como un bocadito de esos que te llenan de energía… eres de todo: alimento, protección, sustento y prodigio líquido.

No he leído esto que escribo, quizá carezca de ritmo o tenga falencias en el manejo de los tiempos gramaticales…  poco me importa ¿sabes?, porque de un tiempo para acá, desde que me fijé en ti, he pensado que la vida, es tan simple como bella, tan profunda como ajena… me has reconstituido, soy tu resultado, tu proceso y tu operación… ¿Osas aún en decir que yo tengo el control de esto?

Hoy que te lo escribo, dimensiono lo que te digo: Te amo, ¿Por qué? Preguntarás… ya sé la respuesta, porque me permites amarme y eso es una condición atada al hecho de sentirme amado.

Hoy de repente, siento que debo agradecerte… quizá veo a la muerte más cerca o esta sensibilidad me lleva a ser el exagerado que siempre dices que soy… pero, en serio, gracias… por tanta vida.