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miércoles, 18 de junio de 2014

ESAS… LAS IDEAS ROMÁNTICAS



Quisiera contar todos tus lunares…
y perder la cuenta para empezar de nuevo todas las noches.
(De las ganas de tocarte)

- ¿Usted cree en el amor?
- Ahora, justo ahora… sí
(De las ganas de justificar lo que siento)

Es que somos como gatitos ludópatas e insomnes
(De lo que siento a tu lado)

Algunos preguntan qué ha pasado con mis textos, otros muchos, agradecen que no haya publicado, otros menos, saben que he estado haciendo cosas… de esas que te quitan el tiempo… sin embargo, he tenido un par de eventos que se amerita contar, una docena de peleas, otros aspectos relacionados con proyecciones laborales, me refiero a esa vida ordinaria que quizá recuerde más adelante.

Hay entonces un gran corchete que cobija lo que hago, me refiero al motor permanente, hablo de esa ilusión constante y obstinada de creer en la felicidad de compartir, es justo y necesario, realmente es justo y necesario.

Verte es algo así como negar que existo… porque me disfrazo de ti… porque me visto de ti… voy creyendo que mi reflejo eres tú, que soy tu reflejo, y me vuelvo como un empresario de tus sentimientos que administra con justicia esa manera de expresar lo que dices sentir por mi.

Me muevo entre el miedo y la esperanza. Miedo por perderte y esperanza de no hacerlo; condiciones simples, como escribirte en un parque, extrañarte al despertar o desear que tengas lindos sueños, condiciones complejas, como proponerte esquemas de comunicación con tu familia o adivinar tus gestos en esas lides de la intimidad.

No creas que es un asunto de supervivencia, es más un tema relacionado con el significado de eso, es decir, la manera como pienso en ti patrocinada por cualquier motivo, así es, discuto la posibilidad y los resultados, tu pasado y el mio y por supuesto la viabilidad de un futuro cada vez más nítido.

Entonces el presente se me agota entre tus besos, tus preguntas, tus perversiones, y voy viviendo en cámara lenta la velocidad de tenerte a cada segundo… tenerte… suena bien, se siente bien… no sé si se trata de una estrategia o un esquema para asumir que estoy contigo o una pirueta del destino para ubicarme justo contigo, justo al lado tuyo… justo ahí.

Te recorro, me alineas, soy quien te provoca, eres quien responde, te extraño más de lo correspondiente a un humano y caigo en el juego peligroso de quererte sin límites, entonces por inercia me fijo en mis pasadas experiencias, y me doy cuenta de una novedad, eres la dueña de lo que no hago, es decir, y así no parezca, tienes el control de esto.

Es verdad, es una posición facilista, pero, es que contigo, la vida pierde densidad y gana frescura… me he vuelto adicto a escucharte, a divagar entre tu forma de ver el mundo y tu cuerpo acomodado a mis caricias.

Tanta melosería me ha vuelto insoportable, quisiera ser un caradura y sólo decirte que te quiero, sin que me tiemble la voz y abrazarte sin que mi cara extrapole la posibilidad de suspenderme ahí, para siempre.

Entonces debo buscar excusas para no adorarte tanto, como tus relaciones con atléticos personajes o tus errores de dicción, tu inmisericorde falta de consentimiento o tu intolerancia a mis mentiras… quiero que seas como eres y no como quiero que seas, y me va entrando una envidia de mi mismo, que me vuelve un sátrapa egoísta, que pienso que eres tan mía que ni te perteneces… pero, tu calidez me detiene, tu voz me arrulla, y sabes que te sirvo.

Y te hablo de mi pasado, de cómo he llegado al final de, según tú, cientos de relaciones, y te voy acariciando con mis palabras de amor y ahora entonces, resulto ser un prudente consejero, un mesurado asesor, poseedor de un verbo calmo…

Y en las noches me revuelco en mi inconsistencia, acuso a tus patéticos poetas que te persiguen, me dan asco las promesas que hiciste a esos malditos de tu pasado, me causa nausea la posibilidad de que compartas tu piel, y me hundo en la más miserable sensación de poseerte sólo para mi… pero te escucho, y acuden bomberos ágiles que apagan las llamas de la torpeza, se me limpia el alma y creo que vivir para ti, contigo y desde ti, es la mejor opción.

Desvarío un poco y finjo cordura, me dan ataques de amor y quiero contártelo, pero me abstengo en el silencio de tu cuello, es ahí cuando me permito darte pequeños mordiscos en tu espalda, algunos dejados como huella de mi animalidad perversa, otros como simples accidentes en las lúdicas sexuales… y me dueles, cuando te vas, y ya no quiero hablar más de mi.

Creo que me espera un destino peor que la muerte y el olvido, pero tengo la convicción de poder cambiarlo a tu lado, pues me haces merecedor de reconocimiento… hablas y mi cielo tiene otro color…

Me conoces tanto que me siento tu reflejo… ahora todo es más claro…

- Diga algunas razones por las cuales me quiere
- ¿Otra vez Cielo, con esas inseguridades?
- Perdón sólo quería oirla
- Muaaa

Y algo me dice que estoy siendo un patético enamorado, y que me brillan los ojitos al verte, y que me malcrías, y que me consientes el cuello como si yo fuera un cachorrito huérfano… y yo que me siento frágil… entiendes ahora por qué escribí “¿Y qué tal que la fragilidad se convierta en fuerza fundamental?

Dices que soy sensible, cansón, consentido, manipulador, libidinoso, dices que sabes que te adoro, dices tantas cosas, que me las voy creyendo... 


Te creo, y eso no me preocupa, 
quiero creerte y eso 
tiene mi alma en angustia.

miércoles, 14 de mayo de 2014

DISCULPE USTED, ES QUE LA EXTRAÑO


He aprendido que nada es obvio,
menos lo relacionado con las emociones;
quizá no puedo besarla,
mirarla a los ojos, sentir su aliento,
sujetarla por la cintura o fingir sumisión 
al dejarme montar la pierna 
como acto de dominio;
lo más seguro es que intento acercarme a Usted,
mediante unas letricas
 que van apareciendo en una pantalla
que pretende llenarse de argumentos,
algunos más claros y sinceros
 y otros resentidos y mañosos, 
pero al fin y al cabo justificaciones
de esta distancia
y de este espacio que hoy me atormentan.

¿Sabe? soy simple, rencoroso, sensible,
también soñador y un poco exagerado,
creo en cosas como el honor y la inteligencia,
a veces me complico innecesariamente
y sobre todo,
me jacto de mi capacidad de leer a las personas,
por ello,
me convenzo de que el romanticismo debe triunfar
y que el amor
es lo mejor que le puede pasar a cualquier persona.

Creo en la justicia universal,
he tenido algunas diferencias con las religiones
y me he perdido
y encontrado en explicaciones del mundo,
  he llorado por amores,
me han defraudado la confianza, 
y he aprendido a los golpes que
 la vida siempre
lo pone a uno en el lugar donde debe estar.

Dirá Usted, que escribo sobre mí
y que como dice un amigo,
escribo para acicalar mi ego,
permítame corregirla,
puedo hacer todo eso,
 porque me he descubierto en Usted,
 porque en su cuerpo como lienzo en blanco
 he escrito mis mejores caricias,
 porque 

su ternura
me ha llevado a doblegar mi desconfianza,
porque he podido sentir su miedo.

Si no ha sido suficiente para Usted,
la presente exposición del por qué la extraño,
 permítame añadir un par de asuntos,
 éstos relacionados con
 su manera de tratarme y
sus propuestas de estar juntos.

Así, lo referente a su trato,
 me agobia,
pues en sus planteamientos
de silencio y ausencia,
escucho tantos susurros y negociaciones,
que empiezo a aturdirme,
es verdad,
me ofusca,
me reta,
 quizá sea su debilidad
la que me insta a protegerla,
 y he ahí su truco,
se condecoró con mis propias medallas,
las hurtó
y oronda las expone con orgullo cruel,
como si no le importara
que yo me muriera frente a Usted,
 por la simple posibilidad de su partida.

Sobre sus propuestas de estar juntos,
quiero decir que
 son

 bellamente ilógicas,
 perversamente preciosas
e irónicamente perfectas,
 así, es Usted,
 una maraña de admirables virtudes,
que se encierran en un cuerpo bien definido.

Soñé que la besaba tanto que mis labios no entienden ni saben pronunciar más que aquello que dicen los suyos. La extraño de verdad y de mentira, la extraño en la superficie y en la profundidad, en lo particular y en lo universal. La extraño porque sí y porqué no y también por si acaso.

Cabe entonces, la posibilidad de que
la extrañe tanto
o casi más
de lo que la quiera.

Y como en una pesadilla,
dejé de saber de Usted,
y me enfermé
 y me dolió la cabeza,
y se me pasó la gana de cenar,
 y entonces,
 me di cuenta que estaba haciendo una pataleta
sin que Usted me viera,
y que estaba extrañando la forma de extrañarla,
pues en verdad,
no la he abandonado, así como Usted sí a mí.

Sí,
 debo aceptarlo,
 pretendo hacerla sentir mal,
 que los demás digan,
“pobre, lo trata mal” 
y que de alguna manera Usted,
venga a salvarme de su alejamiento.

Disculpe Usted,
quizá eso hace parte de mi último desvarío,
 o sólo escribo disparates para llamar su atención… 

¿Sabe?
 Me siento como el  Maxwell Dillon,
 uno de los personajes del Hombre Araña, 
ignorado, invisibilizado… 
y Usted, que se acordó de mi nombre,
y yo, 

que creí verme en todas sus pantallas…  

Así es, si no me lo dice,
si no me lo recuerda,
la empezaré extrañar a mi manera,
 es decir sin Usted.

¿Preguntará si esto es una amenaza?
La respuesta es sí.
 ¿Si ve?, 
todo lo que me causa no tenerla de verdad. 

Mi autoimagen de modelo de Botero,
mis laberintos emocionales
con los muros cada vez más altos…
y Usted ahí, a mi ladito,
 mirando cómo invento todo esto
 para decirle que la adoro,
y Usted impasible,
 serena,
como si no se diera cuenta
 que me duele la vida, si no está aquí,
 conmigo.

domingo, 4 de mayo de 2014

ODIO A LOS CAVERNÍCOLAS

Los patanes tienen su encanto...

Me caen mal, no los soporto, quizá los envidio... son esos, los rudos, los patanes, esos que parecen siempre en actitud de crianza de perros... tan dominantes, tan seguros... y uno, todo sensible, enamoradizo... Pero, tengo bajo mi manga una carta mágica, se trata de mi buen humor, que a veces se camufla de ironía, otras tantas se maquilla de sarcasmo y muchas veces es la manera como digo aquello que no me atrevo a decir de frente.

Ese es el punto que más envidio de los cavernícolas esos, que son directos, y uno tan exacerbadamente solemne, ellos, son mas bien salvajes, y uno tan culto y decente, ellos, sudan y se jactan de ello, y uno lleno de fragancias costosas.

Otro aspecto, que me parece envidiable, es la practicidad, no los creo conceptuales, no miran las aristas, las posibilidades, las implicaciones, las consecuencias... son tan... tan... libres, y uno tan atado al sentido, al resentimiento, a la memoria.

Los patanes, son francos, si algo les aburre, bostezan y se tocan los genitales como simios, en cambio, uno tan sublime e hipócrita, piensa en lo que puede sentir el otro, disimula, oculta...

Ellos no tienen consideración en cómo se portan o cómo tratan a los demás, y uno siempre pensando en la educación, los modales, los valores. No cuidan su léxico, son básicos, y eso les da un aire de seguridad inusitada... y uno tan dudoso. Por lo tanto reaccionan de una manera inesperada, no tienen filtros de autocontrol y van diciendo lo que piensan... se les ha tildado de poseer sinceridad agobiante.

Es verdad, esa seguridad de macho implacable, quizá es la medalla de testosterona, su mirada no disimula las ganas y van escupiendo frases groseras, que resultan incomprensiblemente atractivas para algunas de ellas.

Y uno todo elaborador de palabritas bonitas, y ellos tan bestiales... Patán que se respete tiene su pinta, son como los niños malos... miran mal, y siempre consiguen un grupo de súbditos que los siguen... y siempre capturan a la más bonita y uno que le había escrito poemitas desesperados de ausencia permanente.

Voy a intentar ser patán... 

Texto patancito:

Tú, criador de perros, me caes mal, tú maldito invitador de almuerzos costosos, te ganas mi odio, tú besador repentino, deseo que te pudras, tú, que no preguntas y sólo quitas la ropa, te deseo fallas en tu desempeño genital, tú que cultivas tu cuerpo y olvidas tu alma y tu mente, vete a los infiernos...

Tú, patán, que te refugias de tus inseguridades con discursos prestados, por qué no te miras con los únicos ojos que tienes: los de la estupidez, tú, insensible, tú, basto, tu, ordinario... tú, feliz, tú, que no sabes de depresión ni amargura, porque vives en fiesta permanente... tú, sabes que te envidio.

Y entonces pienso que no escribo sobre ellos, sino sobre lo que siento por ellos, y los veo hablar tan fácil, acercarse tan fácil a la más hermosa del grupo, son realmente temerarios, no tienen nada que perder y parece que están preparados para el fracaso y uno lleno de tanto miedo, de tanta autocompasión.

¿Dónde queda la sensibilidad de los patanes? ¡Ya sé!, ¡Ya sé!... se ubica justo en su capacidad de descubrir a aquellas con baja autoestima, que prefieren ser maltratadas, que les gusta sentirse humilladas, que siempre piensan que pueden salvar un caso perdido y uno tan ubicado, tan centrado, con la vida tan resuelta, y ellos tan enigmáticos, tan rebeldes, tan oscuros, y uno tan preclaro, tan conceptual, con tanta técnica encima, y ellos tan intuitivos.

¡Ah mis patanes!, son como los esclavos... sin responsabilidades,  les gusta y saben herir, son seguros de sus inseguridades, fingen que fingen.

Y uno tan autoanalítico, tan lleno de proyectos y sueños, tan cuidadoso, tan pulcro.

Vayan pues por el sendero que conduce a Patanlandia, que se encontrarán con un grupo de agradecidas desenamoradas, que pronto se dieron cuenta de la falsa estructura de sus palabras.

¿He sido patán?... ahora que me lo pregunto, la respuesta es no. Quizá malcriado, pataletoso, a veces indecente, muchas imprudente... pero siempre he huido de la ordinariez... creo en las buenas maneras, en el protocolo, en la técnica, en el conocimiento... creo en los Patanes.