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viernes, 11 de abril de 2014

CARTA ADOLESCENTE

Me bastó besar su espalda para saborear su piel...
era una mezcla del olor de su pelo,
sus labios húmedos
y su cara tensa,
que no sabía omitir  la presencia del deseo.

Se trataba de sus cejas, sí, eran sus cejas virginales, las que me llevaron a caer en sus ojos, ellos a la vez, en su nariz y como obligado por ese tobogán, me rendí ante sus labios.

El paso por su cuello, fue menos traumático de lo que creí, rocé la parte del inicio de sus hombros, y sin más rumbo que su nuca, me dirigí a paso lento, paso a paso, poro a poro, allí donde nacía su pelo.

Sin darme cuenta estaba celebrando y brindando en la mitad de su espalda, con pequeños mordiscos, que pensé que la harían saltar, al menos moverse o manifestar alguna emoción... pero nada.

Volví rápido a su boca, y me encontré con una estatua, estaba sosteniendo la respiración y tenía la mirada de incrédula, me besó como en un trámite casual y sentí el calor de sus ojos en los míos.

"Es algo normal", me dijo con una ironía inconsecuente, la tomé por la cintura y la seguí besando tanto, que hasta ahora, sólo sé hacer eso.

Y parecía que la capturara en fotos y parecía que le hablaba de más, y jugábamos a acomodarnos en los más incómodos sillones de esos en los que nadie se sienta, y jugábamos tetris con nuestros cuerpos, en salas de espera o cafés de segunda mano. 

Y éramos felices. 

Sin más tarea vital que besarnos, recorría sus olores y sabores, y la aprendía a extrañar en su misma presencia, y cada vez me dolía más quererla, porque la quería como nunca a nadie.

Y me tocaba con sus manos heladas, me provocaba con sus palabras,  me miraba... se sentaba muy cerca de mis amigos, me contaba cosas de sus amigos...

Alguna vez me presentó a uno de esos papanatas que la adulaban, era un tipo flaco con tanta gracia como estupidez... y me quería hacer sentir celos... 


Yo sólo le pedía que me besara... 
me conformé con eso,
que no se cómo ni cuando
se me convirtió en lo único real.


sábado, 5 de abril de 2014

AGONÍA (PARTE 1)

Tengo varios problemas: unos cotidianos, como el hecho de que mi crema dental esté a medias, ese saco que se encogió como claro anuncio de mi negación de sobrepeso, aquel vidrio vencido del garaje o mi poco espacio en la repisa para mi próximo elefante. Otros, un poco más complejos, como pagar la multa de tránsito por fumar dentro del carro, la adaptación emocional con mi nuevo jefe, el libro carísimo que ha de esperar para ser comprado y leído o la escritura de mi nueva obra de teatro.

También hay otros, más agónicos, como la preocupación por el tema del uso de ácido en la cara de las personas, mi intuición sobre los medios y su influencia como temas de mi doctorado, el comportamiento de algunos cercanos… todo se vuelve tan denso, tan complicado…

Y entonces empiezo a sentir una amargura, una nostalgia más oscura de lo normal, un señalamiento a mis capacidades y a las decisiones que he tomado… se presentan en fila desordenada los recuerdos, los amores, las frustraciones, la tormenta fermentada no tiene escapatoria, ha de llover mierda, las paredes húmedas de podredumbre y de nuevo solo…

Respiro y no quiero ir por esos caminos de la desgracia, no quiero pensar que todo está mal.

Sólo ha pasado un segundo y sólo una imagen me salva, es un aire incierto, es ella, la que me tiende la mano, la que me ofrece ideas, la que me soporta la locura, la que entiende como soy, como quiero ser y hasta como finjo que soy.

No la ubico bien… ¿Acaso es la suerte? ¿Esa dama extraña que me desea, esa, que me quiere poseer y abre mis caminos para que todo me salga bien? No creo, la suerte me trata con desdén, ¿Quién es ella? ¿De quién es ese reflejo?

Salgo de mi propio sótano y veo sus ojos, que son atentos y de mirada aguda, camino hacia el jardín y me enredo en su pelo, que huele a prado fresco, tomo el sol y me refugio en su cuello… toda ella, sus manos frías, sus cintura sujetable, su admiración por mis labios… toda ella, su frecuencia de consentimiento…

Respiro con mayor rapidez, y debo devolverme a mi casa, como un agorafóbico, y me acuerdo lo que me dice: “no soy buena para consentir” y yo con los ojos nublados…

“¡NO MÁS!” Me ordeno a mí mismo, sabiendo que soy feliz a su lado y que este texto debe mostrar mi esperanza, que debe hablar de tardes fantásticas y noches inconfesables, que estas letras deben ser emocionadas y saltarinas, que este mensaje tiene que contar que el tiempo se esfuma mientras estamos juntos, que hemos desnudado nuestras almas, que nos hemos contado esas cosas que no se le cuentan a nadie.

Y las sombras se desvanecen con la luz de su energía, y siento que le importo, yo, que no estoy acostumbrado a recibir mucho, siento que ella me da todo… no quiero ser dependiente, no quiero ser adicto a su ternura cruel.

Y la descubro, y la exploro, y en cada poro quiero dejarle una historia de esto que me causa, de esta sensación de inmortalidad que se sabe enferma terminal… y me surgen ganas de viajar a su lado, de mostrarle mis miedos, de contarle el truco de mis talentos… pero no creo, siento que es poco probable que ella, tan hermosa, se fije en mi… me refugio de mala gana en mi intento de autoestima y es inevitable volver a esconderme en aquel sótano de desgracias,  en donde lo que hago es temblar ante mis propios fantasmas.

Pero ella, está ahí, a mi lado, sin decir nada, sin juzgarme, con una incondicionalidad incomprensible… la relaciono con mi madre y su capacidad de hacerme incapaz, quiero gritarle que me deje, que se vaya, pero en verdad tengo más razones para que se quede, ahí, a mi ladito, sólo prestándome su cuello para ocultarme de mí mismo.

Respiro…  y su sonrisa me salva de nuevo, como si todo fuera sólo parte de mi locura, sus labios me besan y la realidad se vuelve de colores… y yo tan daltónico…  la ironía no me sirve… Me reto a mí mismo y ella nuevamente está ahí, sólo disfrutando de mis ires y venires, se sabe callar, sabe qué decir… ella sabe…

¡FELIZ! Y salto como niñito, y me dejo sorprender, no me importa nada, oigo música más fuerte… y ella me apacigua, me calibra… sabe filtrarme, me da la seguridad puntual exacta, y también me la quita cuando es necesario… tiene tanto poder, y uno tan sumiso… y ella, se muestra débil, sensible, inteligente, erótica, cohibida, dispuesta, casta, perversa…

Me besa. Y me voy deslizando en su piel. Me besa y no entiendo más en mi vida que su olor. Le toco su cintura y el universo tiene explicación… Me complico y es horriblemente hermoso estar pensando en ella.

No está, y quiero hacerle un reclamo gigante, como acusándola de ofrecerme una terapia farsante, como acusándola de mis caídas emocionales, y me quiero volver injusto, cretino y torpe, dejar de reconocer lo que ha hecho por mí, y tatuarle en su piel mis desgracias… hacer un manifiesto público de su crueldad por dejarme sólo solo todas las noches en mis sueños… y es cuando sus chistecitos destruyen mi odio.

Como su sonrisa de niña, así me quiero sentir,
alabando mis proezas de aprender a estar sin ella,
y sabiéndome de su propiedad…
Lento voy y encuentro su olor secreto,
recorro su espalda con mis dedos y prometo volver,
prometo no enloquecer por la espera…

Ella, es mi problema favorito.

lunes, 10 de marzo de 2014

LA SUBESTIMACIÓN


Él intentaba descongelar su furia, pero ella, estaba encerrada en el dolor de su incredulidad y en la angustia de sentirse estafada.

Ella afirmaba que lo que le decía eran patrañas seudopoéticas y que había muchas con las mismas características, que quizá todo era un artilugio... entonces, ella se perdió por los laberintos de su reflejo, y se vio deseada, asediada y todo aquello que antes eran palabras de nube, se convirtieron en letras de piedra.

Él no podía más que decirle que le encantaba, pero ella pensaba que era un mensaje masivo, algo así como una pesca milagrosa, como un anuncio de necesidad, para que algunas incautas cayeran en su red de palabras -asquerosamente- bonitas.

Ella, neurótica, con la aceptación de su gusto, él angustiado con la negación de sus anhelos, en un diálogo pervertido por las palabras dichas de afán e interpretadas con la lupa de la trascendencia innecesaria. Cada quien defendía su furia e indignación.

Él había esperado la oportunidad, le había cantado, le había llevado un durazno, la había acompañado a casa, le había perdonado su incumplimiento de aquel almuerzo triste;  ella, lo había excluido de toda ternura, y le había sembrado dudas, sobre si le gustaba, le parecía medianamente bonito, o cualquier signo de compatibilidad.

Ella, pensando lo peor, diciéndole cretino, él pensando lo mejor, que ese reclamo era porque le importaba, ella con odio, él con afecto, ella con furia, él con paciencia, ella con grados de desesperación, él con florecitas de colores en sus letras.

Él la paladea, la consiente, le dice que lo consienta, ella, encriptada en su propia rabia, sólo ve lo que quiere ver, él afirma que tenía la razón, al prever su reacción irracional, ella, se enfurece, porque cree que él, no la valora y la menosprecia.

Ambos se subestiman, él no la saluda por no parecer un acosador hambriento, ella, deja que él la adule, él la empalaga, ella, ya no quiere creer...

No era un tema genital, no era un asunto de ego, no era un conflicto nuclear... eran unas letras que fueron interpretadas en clave perversa.


- ¿Me dice algo bonito?
- Agradezca que no lo tengo al frente...

Y él se ponía feliz, porque sentía que era importante, y ella se sentía infeliz, porque se asumía como una más, y él le intentaba llevar por los caminos del diálogo y ella se refugiaba en la herida que ella misma se había causado.

- No me querrá, pues estaré como un fideo
- Amo, la comida italiana

Y se olvidaron los buenos momentos, y llegó el caos, con él, con ella, la duda hizo lo suyo, las palabras era puentes rotos, ataques de guerra fría, parecían entre sí, enemigos comunes...

Se subestiman, son fantasmas de ellos mismos, no asumen con frialdad, son apasionados, él se la imagina en su lides íntimas, ella, para estas alturas ni se lo imagina.

- Lo odiaré en mis sueños...
- Lo sé, y es que yo la soñaré en mis odios...

Los besos congelados, las caricias bostezando, los orgasmos desempleados, las ganas jugando a las escondidas... todo en una pausa forzada, como la fuerza antes de un grito.

Los textos protestan, los títulos cambian, ya nada tiene gracia y todo se encierra en un mundo azul, más bien oscuro... con tantas cosas por decir, sin sacrificios posibles... no hay que decir... y una vez más, el silencio, es la mejor opción.

Coros de ángeles laureados, experimentos tan asombrosos como misteriosos, excusas que no se aceptan, rebeldías baratas, comprensiones en quiebra...

- Descanse...
- Lo mismo para Usted...

Y en los sueños, se reconcilian... él la abraza y la huele como una flor en celo, ella lo mira con recelo, y quiere creer que es su objeto de posesión privilegiado, él se siente propiedad privada... ella, lo priva.

-¿Sabe usted, cual es la diferencia entre bacante y vacante?
- No

Y los diálogos, se aburren de ellos mismos, no se hablan entre ellos... la amenaza del silencio oficial, la propuesta incompleta, la lectura rápida, la descontextalización.

Empiezan de nuevo, pero esta vez, se subestiman con certeza.