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jueves, 24 de junio de 2010

CASUISTICA DE UN ENCUENTRO

De alguna manera tenía un físico y un espíritu parecido a los villanos de Disney. Aspecto alargado, ojos grandes, una hermosa nariz, una piel de durazno y una sonrisa que adornaba su malicia construida durante algo más de dos décadas. Me dijo un nombre que nunca le creí, me dijo que su signo era libra y tampoco se lo creí. Llevaba puesto un jean ajustado, una blusita corta, tenis blancos y tenía una postura corporal díscola. Su cintura era pequeña y bromeaba con su olor corporal semejante al olor de un pino; tenía, según ella, un tatuaje inacabado de un corazón

Soy malo en esas cosas de romper el hielo. Nuestros primeros 20 minutos fueron como un masaje silencioso, yo pensé que ella estaba brava y ella pensó lo mismo de mí. Cuando me preguntó sobre mi profesión, hallé a una vivaz conversadora, aguda en sus comentarios y con una desfachatez juvenil que, supongo, removió mi instinto paternal. Debo decir que tampoco le creí que tenía una relación con un tipo dominante y celoso o que iba en cuarto semestre de contaduría de una Universidad cuyo nombre no quiso inventar.

Me dijo que mi timidez era un arma de conquista y por esos toboganes de las conversaciones casuales, llegamos al tema de las fechas y los aniversarios. Mentí, le dije que era Géminis, me sentí bien, después de haber soportado sus invenciones, por fin había entrado en su juego de fantasías.

Le dije a qué me dedicaba y ella catalizaba mi comunicación. De repente estábamos sentados más cerca; nos quedaban 10 minutos para compartir y ella se paró frente a mí me tomó el cuello y yo no fui capaz de mirar sus ojos negros. Entonces me replegué en mi timidez y ella se supo dueña de la situación.

Nos despedimos con la certeza de no vernos nunca más. Me atreví a decirle que tenía una sonrisa bella y sólo pensé en decirle mil cosas, pero sentí un tono burlón sobre mi sensibilidad y mi timidez, entonces nos pusimos uno frente a otro y no fui capaz de besarla, sólo por el hecho de pensar qué pasaría.

De vuelta a su jean ajustado, su blusa y sus tenis blancos. Le agradecí no sé qué y todo quedó en el pasado.

Me quedé con el recuerdo de su cintura diminuta, su abdomen plano, su tatuaje inconcluso, su auto pregonado olor a pino, sus ojos profundos y su nariz respingada. Permanecí suspendido en sus mentiras, en sus caricias aparentes y en su condición de ingenuidad. Diferí en cuotas sin límite mis ganas de besarla, de abrazarla y de cierta manera protegerla.

He ahí el punto clave, cuando dije que se supo dueña de la situación, me descubrió protector, paternal, queriendo ser dueño de una sarta de frivolidades, por lo tanto, su nombre, su verdadero nombre, lo sabré cuando las mentiras se revelen, cuando la ternura se añeje y cuando la pasión se baje del gabinete.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

jjejejje lo vi muy lindo tu blog

atentamente.,



JULIANA

cibersan dijo...

Carlos
esta chevere tu blog... segui posteando.

ahi te dejo para que lo cheques:

www.tumentepoderosa.blogspot.com

fer

Vicky dijo...

La mentira es el principio de una verdad oculta.

Beatriz Vergel Sanguino dijo...

Yo creería que empezaron mal!!!