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miércoles, 15 de agosto de 2012

TRES RENGLONES PARA OLVIDARTE


Te empiezas a desvanecer y mi recuerdo de ti me traiciona, aquello que me parecía una fantasía hecha realidad a tu lado, es una lejana sensación de que fui feliz; de todas maneras, el tiempo se acumula y vuelve lenta la resistencia al olvido.

Escucho sólo rumores de lo que fuiste… tus abrazos son cicatrices en mi piel y de a poco abandono los lugares exactos en donde me rodeabas para protegerme, para felicitarme o sólo para consentirme por mi más reciente pataleta emocional.

Las razones de estar sin ti mutan para ser argumentos, que son las columnas de mi tranquilidad;  ya no sé si este estado es falso o me acostumbré al vacío de tu silencio forzado, ya no sé si tus ojos me miraron o los inventé para enamorarme de tu mirada.

Tu nombre lo pronuncio menos… tu nombre no lo pronuncio… tu nombre es un plan desquiciado para hacerme dudar de mi realidad, de lo que vivo… de lo que intento vivir… se trata de una coreografía desorganizada… una estricta melodía sorda.

Te vuelves un punto… te conviertes en un haiku extenso, en una sinfonía ruda… una sombra sin luz, como un dulce que sólo se observa… un exceso de uso que termina en un regalo, la angustia de saber que no sabes que empiezo a dejar de extrañarte.

El pánico no puede existir cuando la calma se ha ido, se trata de un terrorismo que le teme a la verdad, un pretérito ingrato que te pesa más que la posibilidad de futuro ambicioso, una llave que sólo se abre a sí misma, pero no puede hacerlo.

Los juguetes de mi habitación me miran, en la colección de elefantes, que parecen sacudir sus orejas, falta uno de felpa que está encima de tu cama y hay una convención de cepillos de dientes que tratarán el caso de dejadez de mi cepillo en tu baño.

Quizá no puedo mentirte mejor de lo que me miento a mí mismo, a lo mejor sólo pretendo convencerme de que este camino terco me llevará a tu ausencia definitiva y  así darme argumentos  – razonables o no – de que no existes… de que no habitas.

Caigo en la reiterada figura de escribirte en la madrugada y sabiendas de que no me lees, acaso sólo soy un búho con ínfulas de mariposa o un ejemplar con estereotipos anticuados que funge de aprendiz en los temas de la amnesia.

Quiero decir a mi manera que te empiezo a olvidar, que hago un esfuerzo por no soltarte de una vez y veo como se enniñecen los momentos que pasamos juntos y por alguna razón siento que los objetos no están en su lugar de siempre.

Son tres renglones para olvidarte sin ningún elemento sorpresa, son unas ridículas letras dibujadas en la arena, el cansancio de persuadirte de que eres bella, la sospecha permanente de una suma delicada o la certeza de mi cambio de actitud.

2 comentarios:

La Silla Vacia dijo...

Excelente analogía, muy buen escrito, inspirador...

Anónimo dijo...

Amigo Poeta: Tanta tristeza y esperanza, me recuerdan estos versos:

"Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella".

Eso es de Borges...

Sigue sintiendo... es la única verdad.

Que las letras te bendigan.