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lunes, 22 de diciembre de 2008

Irrespeto literal

Hablábamos más de los problemas y nos besábamos menos. Me dijo por teléfono que no estaba dispuesta a seguir con esto, que las migajas de mi amor eran incompatibles con toda la magia que se convertía en una apariencia incipiente de la realidad abrumadora, que yo era especial, pero que en últimas no estaba dispuesta a pagar un precio tan alto por estar conmigo.

Yo, desde el primer momento en que la vi, sabía que algún día se iría. Discutíamos el asunto acompañados de una hamburguesa y una ensalada, de repente llovió, el ruido del agua sobre las tejas no dejaba oír mis súplicas, ella, con ese sastrecito negro, su pelo acomodado y su mirada nostálgica, comía en silencio las verduras y yo de mi tercera engullida acababa mi hamburguesa, en sus ojos vi la desesperanza, el martirio de no tenerme y la seguridad de dejarme.

Fuimos a caminar, no había habido besos, quizá por asco al intercambio de alientos, por la falta de pasión o por la incomodidad de la rabia acumulada. Ella había admitido, aunque no ante mí, sus errores de imprudencia, yo, sin argumentos más que mi amor, intentaba sumergirme en su olor de niña con dotes de mujer, mañas de anciana y espíritu de fantasma.

Hablamos un par de veces más, su ego lastimado, antes curado por mis palabras, estaba herido de muerte, ni mis más altos requerimientos de afecto habían llamado su atención, su boca ajena pronunciaba historias pasadas y sus manos con extraños visos amarillos, ahora no me rozaban la piel.Caminaba a mi lado como presintiendo una desventura, su altivez era un presagio de elegancia, sus abrazos me hacían sentir débil… ella, estaba matando mi amor, como asesina a sueldo, sin fe, disparaba indiferencia y me atribuía las plagas del olvido.

“Ahora, en las vacas flacas sentimentales, necesito más que nunca tu fuerza”, le dije en un estúpido intento metafórico, por salvar la relación; ella asumió que una vez más yo iba a utilizar mi pirotecnia verbal, para socavar nuestras distancias, me miró con menosprecio, me abrazó por protocolo y se fue sin decir nada.

Dicen que su corazón explotó, porque puse ahí dinamita de ausencia, se esparció por todo el mundo, creando una atmósfera de dolor, también dicen que mi alma está en duelo, por la incomprensión, y que se volvió compradora compulsiva de alhajas, para disimular la pérdida; vaga por centros comerciales en busca de diamantes.

Sigue lloviendo, quizá con más ímpetu, mis sentimientos acostumbrados a extrañarla, se dedican a actividades de ocio, juegan: Sabelotodo, Reto 5, ¿Lo sabes todo? Y todo lo que tenga que ver con respuestas conocidas y cultura general, porque saben que ella es indeterminada y particular. Es un nombre que se ha tenido que borrar, no se pronuncia, pero se tiene en la garganta y en un acto de soberbia, mientras unos amantes se toman un café, el destino despedaza el sitio, se cae el techo, se retiran las mesas, los asientos, sólo quedan ellos, con sus amores, él la intenta persuadir, ella piensa, él la ama, ella piensa, él sabe que se irá alguna vez.

Sueños de círculos en los dedos, de visitas a la Francia, de caricias inapropiadas, besos que se tornan largos, confusos, extensos, intensos, comidas rápidas, verduras, cosas, delirios, películas infantiles, abuelas chismosas, primas refinadas, bonos de venta, peleas con el padre, delirio de verla, ganas de tenerla… pienso que pienso, siente que siente, intentan amarse, se vuelcan ante ellos…

Es claro que nada es claro, por ahora, los charcos como vestigio de la lluvia muerta reflejan los bombillos amarillos, el frío corre infantil, la gente se hunde en sus ropas, los reflejos se distorsionan, todos callan…Cansada de todo, omite su amor, se niega a ser quien cree que es, escucha su razón… vence… convence… es un amor con fecha de vencimiento que se prolonga según las horas que dure en el congelador, es una amor nutritivo, con bajas calorías…

Delirio, paz, métrica, ritmo, palabras que se masturban, dedos que señalan el futuro y hacen guiños al pasado, huellas peligrosas, abrazos de salva, besos de selva, corazón que silba…Locura de tener sin tener, de estar con la soledad, de complacer al desalmado…Fin de fines, canción oculta de mañana temerosa, ruidos pasajeros de inertes sombras, dolor de espalda hecho por espadas de hielo…

Frases, palabras, juegos, reflejos nuevos de paisajes inocentes…

Me vuelvo corto…

Vuelo corto…

Corto.

“¿Acaso te beso en minúsculas?” pregunta él en el mundo blanco de una hoja, “no sé” dice ella, mientras construye unas comillas, él la ve de frente y quiere mandarle una doble u; ella, le responde con una miserable coma. Se callan otra vez, esperando que la luna escupa la luz de plata en los caminos, para venir al mundo donde se pierde el misterio y convertirse en palabras, que sólo se entienden en el contacto de un beso.

!Insolentes!, grita alguien.

1 comentario:

Jenifer dijo...

MUY SIMPÁTICO, DESDE SIEMPRE