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sábado, 31 de diciembre de 2011

NO TIENES QUE AGUANTARME

Uno de los problemas, quizá el más complejo de estos tiempos, es que se ha pensado que la sumisión (en todos los campos de la vida) está relacionada con el reconocimiento del otro, es decir, cada quien piensa que tiene el derecho innato de protestar, criticar y zafarse de todo aquello que suene a control y vigilancia.

De este modo, se puede apreciar una confusión de roles tanto personales como en desarrollo comunitario, por ejemplo padres que no ponen límites a sus hijos, y que equivocadamente creen que  ser cómplices es un camino para congraciar con ellos, adolescentes autofobos que encuentran desgraciada su existencia y salpican de desesperación la vida de los demás, adultos desubicados que necesitan huir de toda responsabilidad, viejos inconsecuentes que anhelan que todo cambie sin hacer nada diferente.
En lo individual, esta confusión de roles, genera una profunda indolencia por el otro, una distancia que no permite reconocer lo que es el otro, lo que representa, lo que ha construido… en otras palabras, hay un delirio colectivo que pretende ser cabeza (tener el control y validar sólo que cada uno dice) y se olvida de ser dedo (hacer parte de una estructura articulada), hay una petición general por ser directores de la gran obra y nadie se asume como extra o utilero… y en este mismo ejemplo cabe la aberrante situación de creer que la obra de cada uno (en la que en efecto uno funge de director, guionista, protagonista, antagonista, extra, público, etc) es la única, la más importante y a la que los demás están obligados a ir.

No asumir un rol entonces, es lo más parecido a una muerte en vida, es una condena a la desorientación, que se ha disfrazado de búsqueda permanente, de angustioso desgaste de los días pensando en un futuro, deseando que pasen cosas buenas, anhelando que vengan mejores situaciones… pero sin hacer nada… es verdad, queremos… pero no hacemos nada para que eso que queremos pase… nos desresponsabilizamos de nosotros mismos, de nuestro rol… y caemos en la trampa de ser críticos de otros roles, imitadores mediocres de otros que han hecho su propio desempeño… seguimos el camino de alguien y después criticamos esa senda.

Y entonces pasamos de una desesperación a un letargo… una fuga hacia el sueño, un escape a ese mundo en el que puedes hacer lo que quieras y no tienes que responder, un mundo en el que puedes abusar de la gente, ser inconsecuente y no pasa te pasa nada… ese es el mundo ideal de aquellos que han perdido o no quieren asumir ningún rol.
“Me voy de viaje mañana.” dijo ella afirmando con un tono firme e indolente; en ese momento a él le vinieron todas las sospechas guardadas y los resentimientos que por su cantidad ya desbordaban los bolsillos. “¿A dónde?... ¿Con quién? ¿Cuándo vuelves?” preguntó él, intentando no caer en el control que a ella tanto le molestaba. “Viajo con una amiga, vuelvo el lunes o el martes”; entonces la acidez emocional de él se convirtió en un estallido agrio y reaccionó autolastimándose “y supongo que en el sitio donde vas a estar no hay señal para llamarte…” ella calló unos segundos “No, no es eso… no voy a llevar teléfono”… el puñal que él había hundido en sí mismo, terminó su viaje doloroso… de repente, una sensación de sordera lo invadió, se sentía rogando afecto.

Dar siempre sin límites y no esperar nada  (y hacerlo de manera permanente), te convierte también en un mendigo.
“Está bien” dijo él entre suspiros disimulados y ella empezó a hablar de las cosas que había hecho ese día, él la interrumpió con un te extrañé, ella contestó con un yo también y siguió hablando de su rutina. Ella dijo: “entonces, te llamo mañana antes de irme”, “vale” respondió él… quería decirle que la amaba, que era todo lo que tenía, que estaba feliz a su lado, que su voz, su cuerpo, su olor, sus ojos, sus manos eran… y entonces ella cerró así “De alguna manera necesito desconectarme… pensar”, “vale”, dijo él, “te amo” dijo ella… “igual” dijo él.

Esa idea lo rondó toda la noche… “desconectarse y pensar”… era un evidente error… ¿uno puede estar conectado y no pensar?... ¿qué es estar conectado?... ¿No pensar?... ¿en qué? ¿En quién?... ¿en él?... en eso que llamaban relación…  en su forma de amarla… ¿era un problema de libertad?... o simplemente la manera de decirle que era importante pero que no lo soportaba… que estaba agradecida pero que no le movía sus pasiones… era una excusa para…
“Buenos días mi amor, casi no dormí…  deseo que tengas buen viaje”.

1 comentario:

Alejandra Goyes dijo...

Señor,sus letras son inspiradoras al sentimiento,se lo repito.. Usted escribe soberbiamente.