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martes, 5 de febrero de 2013

UN BESO EN LA FRENTE...


A ti que te faltó el valor para pelear por ti...
(Álbum "Adentro" (2005) Canción: "A ti", Ricardo Arjona)

Sólo fueron 42 escalones para llegar a un final anunciado, en un mundo en el que las verdades eran las mentiras más evidentes... había tanto esfuerzo como terquedad, y las ganas iniciales fueron un destello que sólo iluminó las pequeñas ideas de sentir.

Éramos exploradores imaginarios, con una brújula desorientada, un mapa borroso y con demasiado cansancio como para intentar caminar... era una dimensión paralela, sólo bastó asomarse a la ventana y sentir que nada valió la pena o que quizá lo que fue, sólo pasó en las precarias intenciones, que se pervirtieron en hechos de intolerancia, en una irrespetuosa sensación de dignidad y aguante.

Me convenció de que no era lo que yo esperaba, logró que la ebullición de mis tristezas fuera una constante, se burló de mi nostalgia y escupió ofensas sobre mi forma arcaica de amar... mucha dulzura, intensidad en exceso, atención exagerada, mucha flexibilidad, pocos reclamos y silencio miedoso.

Partir, siempre es una buena opción... pero es necesario haber estado...

Me decía que yo hablaba mucho, que tenía mucha "parla" y ella con tan pocas cosas por contar, más allá de sus aventuras reiterativas y de finales obvios; le decía que la amaba y ella cambiaba el tema, quizá, sólo le interpreté los sueños... quizá, todo esto sólo fue un somnífero.

Tanta furia reprimida con la aceptación de que ella debía correr, montones de súplicas, y todo debido a que sus alas eran mi fantasía... 

Me convertí en un simple admirador y dejé de crear... de creer...

Caí en la red de sus inseguridades y me sentí menos, dejé de hablar de mis hazañas, pues todas se inscribían de inmediato en sus derrotas...

Transformé mi forma de amar en un permanente estado de coma, todo con el fin de no interrumpir su proceso de estar a mi lado...


A ti te estoy hablando a ti tan sorda y resignada, 
A ti que duermes con tu orgullo y te dejas tocar con tu rencor barato... 

Me callé tantos te amo, que se pudrieron en mi garganta y ulceraron mi voz romántica y sufrida... insistí en lo que me hacía daño y el resultado fue una naturalización pervertida de la humillación de estar al lado de quien no me soportaba.

No hablé, no pensé, no interpreté, no conté estúpidas historias sobre el origen del teatro, la historia de la arquitectura del centro de la ciudad o la métrica de los escritos... y justo cuando estaba de salida, me intentó hacer dibujos en hojas de cuaderno, justo cuando sentía que no me escuchaba, me dedicó canciones... lo sé, la asincronía, el desface... quizá mi tiempo y el suyo.

Nos separaron las distancias conceptuales; su concepto de la vida, su concepto del amor y por supuesto su concepto de mí, mi obstinación por demostrarle que el amor si existe, que la vida es alegre y que el fracaso no se hereda...

Me dejó solo...

Lo que hacía no lo veía y sólo pude ver lo que dejaba de hacer, lo que yo hacía era obvio, y malcrié su forma de recibir mi amor, se tornó desagradecida, incompasiva e irascible...

Entré en franca bancarrota y huyó, se fue, con cualquier excusa, sin hablar, sólo con señalamientos, burlas y palabras hirientes, quizá una foto, una conversación, o cualquier falsedad, hubiesen sido suficientes para demostrar su capacidad de sostener, esto, que sólo tenía una columna.

Ganó la trivialidad y el miedo, perdió la paciencia y la esperanza, en esta batalla, los heridos son el orgullo, las intenciones y la disposición;  los ganadores son la torpeza, la frialdad y la miopía.

Entendí que no hay que buscar el amor, él te encuentra... pero si no estás preparado, se convierte en una receta pésima de autocompasión incontrolable, aprendí tanto sobre la frialdad, que cualquier manifestación de su parte me abrumaba, ya no la entendía...

Le besé la frente aunque no nos volveríamos a ver, miré su habitación adornada -ya sin sentido-, tomé mis películas, el portátil, una chaqueta y bajé 42 escalones.


A ti que por despecho estás pensando con los pies, 
A ti que me dejaste solo incluso cuando estabas en mi compañía... 

Me detuve en el escalón 19 y esperé alguna señal de lucha por ella, por parte de ella, un anuncio de valor, una pequeña muestra de ambición, pero no pasó nada, seguí mi descenso -literal- y nuevamente me detuve en el escalón 37 y ya las ansiedades se habían desvanecido, y sabía que aquella sexy lady, no se manifestaría, y que no esperaría que tocara su puerta, y que sólo fuimos un rótulo equívoco.

Caminé despacio, destapé bien los cigarrillos y pensé... me acordé de sus insistencias de que no pensara tanto... sonreí, era obvio...

Quedó en mi historia y ella me borró de la suya, me sumergí en su vida y ella naufragó a la mía, le di la bienvenida y ella propuso una fiesta fúnebre, quise caminar pero ella estaba cansada... ahora cuando no tenía mucho que dar, quiso decirme que lo estaba intentando... ahora, cuando no había nada que hacer...

Un juego en el que aparece un game over desde el principio...

Ya le había deseado buen viaje, me había despedido día a día, ya no podía estar, simplemente por que ella no estaba... y ese lugar común, llamado relación, sólo tenía ecos de lo que yo le decía, pero, plagiando a un poeta, diré que algo se iba muriendo entre mis labios y mi voz.

En el anillo de bodas de Napoleón y Josefina, estaba inscrita la frase: "Al destino"... aquí sobra recalcar sobre el tema, fuimos pobres víctimas de las circunstancias, solemnes admiradores del conformismo y mendigos emocionales.

Pero, la voz de mi dignidad sigue viva... la tristeza quiere hablar pero ya nadie la escucha...


A ti que juegas a ganarme cuando sabes bien que lo he perdido todo, 
A ti te estoy hablando a ti aunque te importe poco, lo que estoy diciendo. 

Ya está... eso es todo, cuando andas en quiebra, se sabe quien está contigo, cuando las cosas no andan bien, viene el verdadero soporte, cuando las lágrimas pierden valor... se llora con menos dolor.

A ti que te gusta ir de mártir repartiendo culpas que son solo tuyas,
A ti te estoy hablando a ti porque no hay nadie más que entienda lo que digo. 

2 comentarios:

Alejandra Goyes dijo...

Déjeme decirle que la sublimidad de sus letras son inspiradoras y van más allá de la exaltación... Lo leo, con gusto y no por ''desparche'', lo leo.

Anónimo dijo...

Esa canción me gusta mucho. Así como la forma como describe lo que siente.