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lunes, 6 de mayo de 2013

PROTESTA CONTRA LOS POETAS QUE VEN EN LA LLUVIA ALGO MELANCÓLICO


Bienvenida a mi universo,
que se construye con las gotas que susurran tu nombre.


Las gotas de una tarde llorosa se morían en el vidrio de mi ventana; nacidas de un inclemente salto al vacío de la nostalgia que venían de lo alto y terminaban estalladas para que yo las viera, justo ahí, justo allí… parecían pecas sin gracia, pequeñas células de gelatina- redundantes de transparencia- sobre aquella ventana por la que miraba mi humillante pasado.

Algunas, llegaban y se sujetaban como rogando mi atención y se deslizaban despacio en un acto indecente de indigencia emocional, antes de morir en uno de los marcos, suplicando atención, una última mirada con sentido, un simple y grandioso grito de lucidez que las hiciera pensar que sus vidas de gotas no habían sido en vano, así, las que habían logrado quedarse algún segundo más, se tornaban redondas, como hinchadas de sus propias ganas de no morir… “agotadas”.

Lo siento, señoras gotas, lo siento mucho, pero hoy la lluvia me pone feliz, me moja refrescando las heridas que son cicatrices de guerras ganadas. Es verdad, he venido de un territorio en el que fui menospreciado y allí, ustedes tenían la tarea de asumir mi melancolía constante, me sentía así, llovido, escupido y sin más destino que la evaporación, lamento que hoy sólo las pueda ver como divertidas nubecitas de rocío en mi nueva ventana.

Las recuerdo señoras, ustedes me acariciaban con esos sonidos que hacen los encantadores de serpientes, me rozaban los sentidos con fingidos clímax de sensaciones variopintas, se hospedaban en mis mejillas saludando a sus consuetudinarias vecinas, las lágrimas, que en ese entonces eran frecuentes.

Y me parece verlas aullar de placer ante mis súplicas de atención y sentirlas en mis palmas, como reforzando mi destino desgraciado, las veía caer por las líneas de mis manos, regodeándose en mi tristeza y mi amargura… ahora, señoras, las capturo como jugando, les he perdido esa mística de congoja, son simples granitos húmedos, que me refrigeran levemente la piel.

Quizá mi destino ha cambiado, quizá antes no creía en él y afirmaba que nada bueno me podía pasar, hasta cuando empecé a encabezar las encuestas de la alegría, por eso de sentirme valorado, respetado y deseado, entonces, por aquí, todo es novedoso, mi autodestrucción es un chiste malísimo que no encaja y mis ganas de rogar afecto son un recuerdo sepultado por la certeza que me da un nuevo amor. 

En estos tiempos llueve y me alegra, puedo sentir mi cara fresca y el olor a la humedad me complace, y aquella infección en los ojos que obtuve de tanto llorar, fue tratada con el antibiótico ese que se encuentra en un corazón generoso, hermoso y que hace las cosas bien.

La lluvia ha cambiado de significado, las tardes grises son anuncios de sol, posibilidades de abrazos, la excusa perfecta de un café, la magnífica promesa de su pelo mojado, la más reciente preocupación por mi salud o la convicción de que debo cubrirla con el paraguas de la esperanza, made in: por fin te encontré.

No es un proceso de impermeabilización, por el contrario, hoy vivo cada historia, cada segundo y las gotas llegan afanadas para poder disfrutar los latidos que van en brinquitos desordenados al compás de los ojos más bellos que he podido ver… he llegado a pensar que algunas gotas han pedido asilo en mi piel, y que se transforman en sudor, y que se dispersan en el brillo de mis ojos, casi puedo imaginar los trámites ante mi sistema linfático para ser parte de mi sangre.

La última gota triste que vi, fue en sus labios, era en verdad un fantasma de gota, un diminuto asomo de aquello que un día fue, estaba instalada al lado de un lunarcito -que últimamente me tiene nervioso-, entonces, la tomé con ternura y consideración, por aquello del respeto a los muertos, la sujeté con mis labios y la engullí, me supo a dulce, talvez por estar donde estaba.

Y esa noche escuché una voz de fiesta en mis sueños, ese era el último destello de las gotas de desolación, toda la estirpe de la lluvia oscura era una melodía concluida, aquellas tardes de juegos inmisericordes y lloviznas perversas habían concluido… no supe la razón exacta de la fiesta de las gotas, pero escuché comentarios relacionados con que aquella gotilla que había recogido cerca de ese lunar, encima de aquellos labios, era el comienzo de una nueva forma de llover…

Lluvia feliz y encantadora,
anuncio de serenidad,
canto de bonanza,
tu poder me hace sentir anhelo,
 tu rocío me endulza la piel
 y mis dedos sólo recogen la maravilla que dejas en el aire…

Te veo caer y estoy seguro de que el cielo llora de felicidad,
asumo que tu sonido es
 como el de la gente que aplaude,
pienso que eres
la mejor premonición de que el amor es posible
 y que está más cerca de lo que pienso… 


Lluvia preclara,
que me cuenta
con métrica cierta
las siluetas de su cuerpo,
lluvia cadenciosa
 que me deja oler su cuello terso.

Llueve sobre mi, 
me siento llovido,
la cubro,
me cubre...

Bienvenida a mi universo,
que se construye con las gotas que susurran tu nombre.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente, son lineas con mucha inspiración, imposible no contener la respiración.

Angela Carvajal dijo...

Bienvenido a mi universo Carlos López¡¡.......

Anónimo dijo...

Poeta, te cuento que dediqué uno de tus textos, mi pareja entendió lo que quería decirle... gracias.

Este texto, me hace recordar los inicios de un amor y la lluvia de colores... esos aires de nuevos amores, siempre dejan algo para el alma. DTB.