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sábado, 1 de junio de 2013

EL ABRAZO SILENCIOSO

"Lo siento... qué pena"

El silencio de mis ideas agobia tanto que la vida se vuelve un dolor permanente. Quizá sólo sea una pausa, unos miserables puntos suspensivos esperanzados en que todo va a estar bien, en que la ternura y el cuidado, no han de ser esporádicos, esos cínicos puntos suspensivos juran que todo va a ser como aquellas veces en que las palabras sobraban y los besos siempre eran pocos.


Parece que debo calibrar lo que siento, dosificarlo, desmenuzarlo, expresarlo metódicamente, como si se tratara de una estrategia de marketing global sobre mi amor y mi manera de amar; también parece que se trata de mis vacíos emocionales, que pretendo llenar, solicitando atención permanente y de alguna manera, vendiendo, quizá vendiéndome, la idea, de que soy importante.


Hoy hablé de resignación, en el marco de aprender a esperar, o mejor decirlo así, aprender a no esperar, comprender que lo idóneo, es una construcción no restringida, hoy lo entiendo, pero sigo creyendo que es un tema potestativo, lo lamentable, es que es con mi anuencia: doy el poder para hacerme feliz.


¡Qué tonto!... si sólo pudiera ser un poco más egoísta.


Alguna vez, vi a un niño cuya madre se había ausentado por un momento, él lloraba con intensidad dolorosa, cuando regresó su madre, él la abrazó en silencio como si fuera lo único y más importante en su vida y seguía llorando pese a que ella le decía: "Ya bebé, ya estoy aquí", pero el niño seguía aferrado, en un signo de abrumación... se dio cuenta de lo mucho que le hacía falta... quizá, era más grande, su sentimiento de ausencia que el hecho de tenerla allí de nuevo.


Años después sentí lo mismo, me sentí abrumado por la ausencia y no fui claro al manifestarlo, por supuesto, el resultado fue que hice un reclamo porque, ella, no llegó a tiempo y la situación quedó reducida a que yo era una exagerado pues, igual, nos veríamos unas horas después. 


"¿Cómo vas a hacer para soportar tanta sensibilidad?" le pregunté, mirando embelesado sus pómulos perfectos, "eso es lo que más me encanta" dijo mientras me amenazaba con un beso, "Ten cuidado cuando caminas, mi corazón está a tus pies", le dije en silencio, como en una entrega agónica, antes de aquel beso.


"No me gusta que no sonrías" y le quise decir, que quien sonríe es el niño que llevo dentro, es consentido, tiene memoria selectiva y se desmotiva con facilidad, pero, sólo pude decirle, que estaba pensativo, por algunas cosas ajenas a los dos.


"¿Qué te pasa?¿No eres feliz?" y le quise contar, que estaba revaluando los silencios de mis ideas (esos mismos del primer párrafo), para asumir esto de amarla, pero sólo pude argumentarle, que necesitaba un poco de ternura vestida de consentimiento.


Quise cambiar el tema y deslizarme por los senderos conceptuales de lo legal y lo legítimo, quise evadir la lluvia enemiga de su pelo alisado y contarle que estaba abrumado, como aquel niño que vi hace años, quise decirle que la había extrañado con furia indecente y que mis palabras se habían quedado ahogadas en la posibilidad, sólo en la posibilidad de no sentirla cerca... pero no era el momento, quizá los sábados lluviosos al medio día, se deben utilizar para otra cosa... y yo, que taché todo mi calendario con corazoncitos obligatorios.


Toso, no sé si sea por fumar tanto o por el frío de la ropa que aún tengo, que está mojada; abro un cajón y encuentro un mensaje escrito: "Me haces sospechar... me haces crees... me haces soñar... TE AMO.", quiero hacer más interpretaciones de lo debido, pienso en la idea de dosificar y de ser mesurado.


Esto implica suspender el trabajo constante de emocionarme y esperar, de creer en que de los sombreros de los magos salen conejos... pero aparece la perversión y me imagino a un conejo escupiendo un sombrero. Absurdamente, me acuerdo del verbo vacar... y sí, es verdad, me siento así, vacante de mí mismo.


"Lo sé, lo sé..." (Se debe leer en el mismo tono maternal de aquella madre que no entendió que su hijo la extrañaba como nunca y a nadie más)


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigo de letras, cuida el amor, es lo único que nos convoca. Gracias

fmican dijo...

Escupirá un conejito negro..saltaran en el armario...cual Cortázar