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martes, 24 de diciembre de 2013

ROZADA PIEL GURÚ (EXCUSA PARA ROZAR SUS LABIOS)

Cómo quisiera que mis palabras sintieran los nervios que se desatan cuando te veo, que pudieran temblar de expectativa por tenerte cerca, también, que ellas, pudieran contar todos los silencios guardados para que no sepas, para que no abuses, para que no cambies si lees esto o para que no te espantes, por estas o por otras letras que pretenden rozarte. 

Quizá tu evasión de ser explícita y tu estrategia cruel de no dejarme saber, si debo decirte sin rodeos que me encantas, o si debo esperar y decir que me caes bien y que me preocupa cualquier cosa que tenga que ver contigo... estén dando resultado. ¿Me hago entender?... estoy en un indefinido terreno de transición, en un insoportable estado de anhelo, como quien dice, todo puede ser malinterpretado.


Según lo vivido, debo mostrarme lejano y distante, dueño de la situación, digamos, relajado y sin expresar el conflicto que me he creado, voy a decir, que me has creado, me refiero a eso de verte dolorosamente preciosa, certeramente ajena y medianamente agradada con todas las locuras de estas emociones emocionadas.


Busco tu olor y me encuentro sin más excusas para gastar mi tiempo a tu lado, recuento en mi cabeza tu vida y tus aventuras, y me creo camarógrafo de tus escenas, intento apaciguar mis deseos de tomarte de la mano o salvarte de un tropiezo en unas escaleras… me acerco progresivamente, con cautela, y tú, como hielo, pero a veces, me tocas como si nada, y yo te limpio los pequeños restos de comida que parece que dejas a propósito para que yo, en una acto abusivo, asee la comisura de tus labios. 


Pero viene un aviso de tu parte: “es mejor ir con calma”, y yo que ya iba corriendo, y yo que ya quería viajar contigo… pero entiendo, debo respirar, tranquilizarme, pero, disculpa, el color de tus ojos, y los huequitos de tu saco me distraen y casi me empujan a recordarte… 


Y miras para arriba cuando dudas, o cuando sientes que estás equivocada, tienes tanta fuerza y vulnerabilidad a la vez, me causas la bipolar sensación de protegerte y exigirte protección… así es, esto que empieza de mi parte, tiene tu ropa de colores, tus anécdotas incontables, tus secretos y tus deseos, así es, esto que empieza de mi parte, tiene mi admiración por tu mente, el color de tu piel y tu cuello esbelto.


Me gustas. Ya lo dije, pero no quiero presentarme urgido o necesitado, desesperado o ansioso, por ello, verte ahí sentada en un desayuno secreto, en una cita indiscreta, ajustar nuestras agendas para una salida fugaz, quizá ver el sol juntos alguna vez, o curarte las heridas, es mi intención… 


Para finalizar, ¿recuerdas que te dije que estaba en un lugar transaccional? Bueno, lo he pensado, y es que estás justo entre mi propósito y mi intención… si bien son sinónimos en cuanto a determinación de la voluntad, (querer hacer), tienen ambos un sesgo de finalidad… ¿ves?, es decir objetivo… fin. 


En otras palabras, te conviertes en un proceso que a su vez es proyecto… 


Son estas letras las encargadas de tocar a tu puerta, de anunciarte esto, de tranquilizarte para que no hiperventiles, de humedecer tu piel, son estas las responsables de la expresión, de eso que sin duda es tu culpa, de esto que ahora cuento en voz baja, sueño en voz alta y te narro sin voz.


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